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Adorni culpó a la oposición de sus torpezas y desgracias

La conferencia de prensa de Manuel Adorni no fue una aclaración: fue una defensa cerrada, sin matices y cargada de evasivas frente a los cuestionamientos por su crecimiento patrimonial y las inconsistencias detectadas en su declaración jurada. Lejos de aportar claridad, el vocero presidencial optó por una estrategia conocida: minimizar, relativizar y trasladar el foco.

Desde el atril de la Casa Rosada, Adorni intentó instalar la idea de que todo se trata de una operación política. Sin embargo, nunca explicó de manera concreta el origen de los fondos que le permitieron incrementar su patrimonio muy por encima de la inflación en el mismo período en que asumió funciones públicas. Tampoco dio precisiones sobre los bienes incorporados ni sobre las deudas declaradas con su propio entorno familiar, un punto que genera fuertes sospechas sobre posibles maniobras de simulación financiera.

En lugar de responder con datos verificables, el vocero se refugió en generalidades. Habló de “transparencia”, de “cumplimiento de la ley” y de “ataques de la vieja política”, pero evitó responder lo esencial: cómo se explica ese salto patrimonial en tan poco tiempo. La conferencia dejó más preguntas que respuestas.

La defensa de Adorni no solo fue débil en términos técnicos, sino también contradictoria en lo político. Un gobierno que llegó al poder con el discurso de combatir a “la casta” hoy se ve obligado a justificar comportamientos que encajan perfectamente en aquello que prometía erradicar. El silencio o respaldo implícito de figuras clave del oficialismo, incluido el propio Javier Milei, refuerza la sensación de doble vara.

Otro aspecto llamativo fue el tono confrontativo del vocero. En lugar de asumir la responsabilidad institucional que implica su cargo, eligió descalificar a quienes investigan o cuestionan. Esa actitud no solo deteriora la credibilidad del funcionario, sino que también erosiona la confianza pública en el gobierno.

La conferencia, en definitiva, no logró disipar las dudas. Por el contrario, consolidó la percepción de que hay información que no se está diciendo. En un contexto económico crítico, donde se le exige a la sociedad ajustes permanentes, la falta de explicaciones claras por parte de quienes administran el Estado se vuelve aún más grave.

La pregunta sigue intacta: ¿de dónde salió el dinero? Hasta ahora, Manuel Adorni eligió no responderla. Y en política, cuando alguien evita responder lo esencial, el problema no desaparece: crece.

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