
El Gobierno anunció con entusiasmo que, desde hoy, los celulares importados tributarán 0% de arancel, una medida presentada como un “alivio directo” para el bolsillo de los consumidores. En los papeles, la decisión debería traducirse en una baja considerable en el precio de los modelos más caros, especialmente el iPhone 17 Pro Max, que se convirtió en el termómetro del nuevo esquema. Pero la realidad del mercado argentino vuelve a mostrar que lo que funciona en los comunicados oficiales no siempre tiene correlato en las vidrieras.
Porque sí: el arancel bajó a cero, pero los precios no. O, mejor dicho, bajaron apenas lo suficiente como para que la medida figure en los títulos, no como para sentirse en la billetera del comprador. Hoy el iPhone 17 Pro Max ronda los $3.4 millones, una cifra que poco refleja la supuesta revolución fiscal del Gobierno. Los comercios, grandes y chicos, saben que no tienen ninguna presión competitiva real para trasladar completamente la rebaja. Y menos en un mercado donde los consumidores siguen pagando productos importados a valores que duplican, o incluso triplican, los precios internacionales.
El Ejecutivo insiste en que “el mercado irá acomodándose”, como si la simple voluntad política pudiera vencer años de cartelización informal, especulación y márgenes que se ajustan hacia arriba con velocidad quirúrgica, pero bajan con la parsimonia de un trámite en la ANSES. La eliminación de aranceles, lejos de aparecer como un beneficio, corre el riesgo de transformarse en un regalo a los importadores, que ahora pueden incorporar equipos a menor costo mientras mantienen valores casi intactos en los mostradores.
La brecha con países vecinos, como Paraguay —donde los mismos modelos se consiguen por mucho menos— deja expuesto el verdadero problema: la ausencia total de políticas de control o incentivo para que la reducción del costo de importación se vea reflejada en el precio al consumidor. Sin ese puente, cualquier mejora queda en manos de la buena voluntad del sector. Y ya se sabe: la buena voluntad no figura entre los activos del comercio argentino.
El Gobierno podrá celebrar que “bajó los aranceles a cero”. El consumidor, en cambio, seguirá viendo cómo los precios se mueven según las necesidades del mercado y no según la letra de los decretos. La importación es más barata; el iPhone, no tanto. Y los argentinos, como siempre, quedan atrapados entre el relato oficial y la lógica imperturbable de los negocios.

