Luis Caputo volvió a apuntar contra Axel Kicillof por la falta de inversiones en la Argentina. El ministro de Economía sostuvo que el gobernador bonaerense genera temor entre los inversores y desde el oficialismo llegaron a cuestionar su reciente presentación en Nueva York. Es una explicación política del Gobierno, pero los datos económicos recientes muestran un escenario bastante más complejo que el que puede atribuirse a una sola figura opositora.
La paradoja es difícil de ignorar: apenas días antes, el propio Caputo había estado sentado frente a decenas de inversores convocados por JP Morgan en Manhattan para explicar el programa económico argentino y despejar dudas sobre 2027. Allí ratificó que la Argentina no planea volver por ahora al mercado internacional de deuda porque considera demasiado elevado el costo de financiamiento.
Pero después llegó un dato incómodo desde el mismo JP Morgan: el banco redujo su proyección de crecimiento de la Argentina para 2026, de 2,7% a 1,5%, luego de conocerse la fuerte contracción de la actividad de julio. El informe citado por distintos medios señaló retrocesos mensuales desestacionalizados de 3,6% en la industria manufacturera, 4% en la construcción y 5,5% en el comercio.
Es decir, mientras Caputo dirige el cuestionamiento hacia Kicillof, el diagnóstico de una entidad ante cuyos inversores acaba de exponer pone el foco sobre problemas concretos de la economía real.
Los números oficiales tampoco ayudan al discurso gubernamental. El EMAE cayó 2,9% mensual en julio, mientras que el PBI había retrocedido 0,6% en el segundo trimestre. A eso se suma una pobreza que alcanzó el 32,3% durante el primer semestre de 2026, después del 28,2% registrado en el semestre anterior.
La discusión sobre las inversiones, por lo tanto, excede ampliamente a Kicillof. Hay inversores observando crecimiento, actividad, capacidad de pago, costo del financiamiento y perspectivas políticas. Incluso después de escuchar personalmente a Caputo, algunos administradores de fondos expresaron preocupación por el estancamiento de la economía real; tras aquella presentación hubo jornadas de caída de bonos y aumento del riesgo país, aunque esos movimientos de mercado no pueden atribuirse de manera automática a una única causa.
El Gobierno tiene, además, argumentos propios para exhibir. Durante la gira se anunció el Corredor Andes-Atlántico, un entendimiento entre Argentina y Estados Unidos que contempla inversiones de hasta US$7.000 millones desde 2027, principalmente vinculadas con infraestructura y energía. Es un elemento relevante que contradice cualquier descripción de una ausencia absoluta de proyectos de inversión.
Lo que resulta mucho más discutible es reducir los problemas actuales de inversión a la presencia o al discurso de un gobernador opositor. Caputo puede responsabilizar políticamente a Kicillof; los indicadores, en cambio, describen problemas económicos que existen independientemente de esa disputa.
Y ahí aparece la contradicción que el ministro deberá explicar: si después de casi tres años de gestión las decisiones de inversión dependen tanto de lo que diga un gobernador opositor, ¿cuánto pesan entonces la actividad económica, el costo del crédito, el riesgo soberano y las propias políticas del Gobierno nacional?