El relato oficial de orden, previsibilidad y solvencia volvió a chocar con la realidad dura de los números. A días de un vencimiento clave de deuda por más de US$ 4.200 millones, el Gobierno de Javier Milei admite por lo bajo lo que en público intenta disimular: no tiene los dólares suficientes y todavía le faltan más de US$ 2.000 millones para cumplir en tiempo y forma.
El ministro de Economía, Luis Caputo, enfrenta así su primera prueba de fuego seria desde el debut del nuevo esquema de bandas cambiarias, un régimen presentado como ancla de estabilidad pero que, hasta ahora, no logró generar una acumulación significativa de reservas. Con el Banco Central exhausto y sin margen, el Tesoro llega al vencimiento con apenas una parte del dinero asegurado y una lista de parches financieros sobre la mesa.

Según estimaciones del propio mercado, el Gobierno sólo tendría cubiertos alrededor de US$ 1.800 millones, provenientes de colocaciones recientes, recursos extraordinarios y movimientos contables. El resto —más de la mitad del total— sigue en el aire. La situación deja al desnudo una verdad incómoda: el ajuste no generó dólares y la confianza prometida aún no apareció.
Ante ese escenario, Caputo explora alternativas que contradicen el discurso de campaña y los primeros meses de gestión. Entre ellas, un crédito tipo REPO con bancos privados, que implica endeudarse a corto plazo dejando activos como garantía, o incluso una nueva emisión de deuda, una herramienta que el oficialismo juró evitar. En ambos casos, se trata de ganar tiempo, no de resolver el problema de fondo.
El vencimiento llega además en un contexto delicado. El nuevo régimen cambiario todavía no mostró resultados concretos, las reservas netas siguen en niveles críticos y la economía real continúa en recesión. A eso se suma la presión política: un traspié en el pago de la deuda sería leído como una señal de debilidad temprana del programa económico y podría tener impacto inmediato en los mercados.
Mientras el Presidente insiste en que “no hay plata” para el Estado, los números confirman que tampoco hay plata para cumplir sin sobresaltos con los compromisos externos. La diferencia es que, en este caso, el ajuste no alcanza y el margen de maniobra se achica peligrosamente.
A pocos días del vencimiento, el Gobierno corre contra el reloj. Si no consigue los dólares que faltan, el relato libertario de solvencia y disciplina fiscal quedará expuesto como lo que es hoy: una promesa sin respaldo en las cuentas.