El Grupo Marengo, la empresa cordobesa que a fines de 2023 buscó capitalizar el clima político con una línea de golosinas bautizada “No hay plata”, terminó rematando su fábrica tras una profunda caída en las ventas que la llevó a una crisis financiera.
En diciembre de ese año, apenas días después de la asunción de Javier Milei, la firma había lanzado una serie de caramelos con frases asociadas al nuevo discurso oficial. La movida fue leída como un guiño explícito al Presidente y a su consigna de ajuste fiscal. Sin embargo, el impacto publicitario no logró traducirse en una recuperación sostenida de ingresos.

Durante 2024, el consumo masivo se retrajo con fuerza en todo el país, golpeando especialmente a las pequeñas y medianas industrias alimenticias. En ese contexto, Marengo comenzó a enfrentar problemas de liquidez, acumulación de stock y dificultades para sostener costos operativos en un mercado interno cada vez más deprimido.
La paradoja no pasó inadvertida: la misma empresa que había tomado como eslogan una de las frases más repetidas por el Gobierno terminó padeciendo en carne propia la contracción del poder adquisitivo. Con menor circulación de dinero y una fuerte caída en el consumo, el negocio de las golosinas —altamente dependiente de ventas por impulso— fue uno de los más afectados.
El remate de la planta marca un punto crítico para la compañía y deja interrogantes sobre el futuro de sus trabajadores y proveedores. También expone el impacto real del ajuste sobre el entramado productivo local, incluso entre quienes, en un primer momento, habían apostado simbólicamente por el rumbo económico oficial.