La sesión preparatoria en la Cámara de Diputados, que debía avanzar con la jura de los legisladores electos, se convirtió en un espectáculo de tensión política cuando un cruce inesperado entre libertarios y peronistas desató cánticos, gritos e insultos a viva voz. Todo comenzó cuando, en medio del protocolo, un diputado peronista elevó la voz y lanzó un clásico de las calles: “La patria no se vende”.

El grito, que resonó en el recinto con una carga simbólica evidente frente al avance de las reformas del oficialismo, encendió los ánimos del bloque libertario. Desde su sector respondieron con abucheos, burlas e ironías, acusando al peronismo de “hipocresía” y “show para las cámaras”. Los peronistas retrucaron con cánticos tradicionales de movilización y con cuestionamientos directos al Presidente y a sus políticas de ajuste. En segundos, la sesión derivó en un duelo de consignas partidarias que obligó a interrumpir momentáneamente el acto de jura.

La presidencia provisional de la Cámara debió intervenir para pedir calma y recordar que se trataba de una sesión institucional, no de una marcha partidaria. Sin embargo, el clima siguió cargado: manos alzadas pidiendo la palabra, insultos cruzados entre bancas y chicanas personales que hicieron imposible mantener el ritmo previsto.

El episodio dejó en evidencia el nivel de polarización que atraviesa el Congreso y anticipa un período legislativo áspero, donde cada gesto será leído en clave de confrontación. Para muchos, la escena sintetiza la nueva composición política: un oficialismo que llegó decidido a “dinamitar lo viejo” y una oposición que intenta marcar límites en cada acto público. Si la jura, un trámite habitualmente ceremonial, terminó convertida en un recital de consignas, el debate parlamentario que viene promete ser aún más incandescente.

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