Con un clima de fuerte tensión política y expectativa sindical, la Cámara de Diputados de la Nación abrió el debate por la reforma laboral impulsada por el oficialismo. La sesión, que se anticipa extensa, marca un punto de inflexión en la agenda económica del presidente Javier Milei y pone en el centro de la escena el modelo de relaciones laborales que el Gobierno busca consolidar.

El proyecto, defendido por el bloque de La Libertad Avanza, propone cambios sustanciales en materia de contratación, indemnizaciones, convenios colectivos y mecanismos de resolución de conflictos. Desde el oficialismo argumentan que la reforma apunta a “modernizar” el mercado de trabajo, reducir la litigiosidad y fomentar la creación de empleo formal.
En la vereda opuesta, legisladores de Unión por la Patria, la izquierda y sectores del radicalismo cuestionan el alcance de las modificaciones y advierten que podrían implicar una pérdida de derechos adquiridos. Afuera del Congreso, organizaciones sindicales vinculadas a la Confederación General del Trabajo y a las dos CTA siguen de cerca el tratamiento parlamentario y no descartan nuevas medidas de fuerza si el texto avanza sin cambios.
El debate comenzó con exposiciones técnicas y políticas que dejaron en claro la grieta en torno al tema. Mientras el oficialismo insiste en que la rigidez normativa desalienta la contratación y empuja a la informalidad, la oposición sostiene que el problema central es la recesión y la caída de la actividad, no el costo laboral.
La sesión también está atravesada por negociaciones de último momento. El Gobierno necesita asegurar votos aliados para alcanzar la mayoría necesaria, lo que abre la puerta a modificaciones en algunos artículos sensibles. Entre los puntos más discutidos figuran el nuevo esquema de fondo de cese laboral en reemplazo de la indemnización tradicional y la ampliación de períodos de prueba.
La reforma laboral se convierte así en una prueba política clave para el oficialismo. No solo por el contenido del proyecto, sino por la señal que enviará hacia el mercado y hacia los trabajadores en un contexto de caída del poder adquisitivo y creciente conflictividad social.
Con el recinto activo y la mirada puesta en cada intervención, el Congreso vuelve a ser el escenario de una discusión de alto impacto. Lo que se resuelva en las próximas horas no solo definirá cambios normativos, sino también el rumbo de la política laboral argentina en los próximos años.