En Río Cuarto crece la inquietud entre los afiliados al Pami, que en los últimos días comenzaron a advertir demoras cada vez más frecuentes en la prestación de servicios esenciales. Consultas postergadas, turnos que se reprograman sin explicación y dificultades para acceder a especialistas encendieron la alarma entre los centros de jubilados, que temen que la situación se agrave si no hay una respuesta oficial inmediata.
Las quejas se multiplican especialmente en torno a prácticas básicas que, hasta hace poco, se resolvían con relativa normalidad. Algunos afiliados denuncian que deben esperar semanas para obtener una consulta clínica o un estudio de laboratorio, y otros directamente recibieron la advertencia de que ciertos prestadores están revisando sus contratos por falta de pagos actualizados. La incertidumbre se traduce en ansiedad entre jubilados que dependen de tratamientos continuos y no pueden afrontar gastos privados.
Desde las organizaciones locales aseguran que la situación no es aislada y que se repite en distintas áreas de atención. Los referentes de centros de jubilados advierten que cada vez reciben más llamados de personas que no logran resolver trámites simples o que ven interrumpidas sus terapias. “Se están registrando casos de demoras en la prestación de servicios y eso nos está preocupando”, señalaron, al tiempo que pidieron una intervención urgente para evitar que los problemas se transformen en una crisis mayor.

En paralelo, prestadores de salud de la región reconocen que la relación con el instituto está bajo tensión por los retrasos en los pagos y por la falta de actualización de aranceles, lo que vuelve insostenible sostener la atención en los mismos términos. Aunque por ahora no se habla de cortes masivos, la preocupación es compartida: sin una recomposición, muchos servicios podrían reducirse o directamente dejar de estar disponibles.
El silencio del Pami frente a los reclamos aumenta la sensación de desprotección entre los afiliados. En una ciudad con una población envejecida y con alta dependencia del sistema público-previsional, la incertidumbre sobre la continuidad de las prestaciones se vive con especial sensibilidad. La expectativa es que el organismo brinde claridad en los próximos días, porque cada demora suma angustia a quienes más necesitan previsibilidad y acompañamiento.