Lo que durante varias horas fue presentado como un gesto de reconocimiento a la Selección Argentina terminó convirtiéndose en otro capítulo de improvisación del Gobierno nacional. El anuncio de un feriado por el regreso del equipo de Lionel Scaloni, tras obtener el subcampeonato del Mundial, quedó en la nada y expuso una vez más las contradicciones y la falta de coordinación dentro de la Casa Rosada.
La posibilidad de declarar una jornada no laborable había generado expectativas entre miles de argentinos que esperaban recibir al seleccionado y celebrar un nuevo logro deportivo. Sin embargo, el Gobierno dio marcha atrás y descartó la medida, dejando la sensación de que ni siquiera una decisión de alto impacto simbólico fue capaz de sostenerse durante unas horas.
El episodio vuelve a mostrar una administración que parece reaccionar más a la coyuntura que a una planificación seria. Primero se alimentó la expectativa de un feriado y luego se la desactivó sin una explicación convincente. El resultado fue un mensaje confuso que terminó opacando el reconocimiento a un plantel que volvió a colocar a la Argentina entre las mejores selecciones del mundo.
La marcha atrás también reavivó las críticas hacia un Gobierno que, en distintos momentos, ha intentado capitalizar políticamente los éxitos deportivos cuando le resultó conveniente, pero que esta vez terminó protagonizando una desprolijidad innecesaria. En lugar de organizar un homenaje claro y ordenado, la discusión pública quedó centrada en el cambio de postura oficial y no en el mérito de los jugadores.
La decisión final de no decretar el feriado dejó expuesta una conducción errática. Lo que debía ser una jornada de reconocimiento terminó transformándose en una polémica sobre la falta de previsión y la descoordinación interna del Ejecutivo.
Mientras millones de argentinos seguían con orgullo el desempeño de la Selección, el Gobierno volvió a quedar atrapado en sus propias idas y vueltas. Del feriado al «no feriado», la gestión convirtió una oportunidad para unir a la sociedad en un nuevo ejemplo de improvisación política.