La toma de la fábrica de aires acondicionados Aires del Sur en Tierra del Fuego no es un hecho aislado ni un simple conflicto gremial. Es la imagen más clara de una crisis industrial que el gobierno de Javier Milei decidió profundizar con apertura indiscriminada de importaciones y una retirada total del Estado en la defensa del empleo.
Los 140 trabajadores ocuparon la planta porque no cobran hace dos meses y temen el cierre. No es paranoia: el panorama es crítico. En una provincia que depende del régimen de promoción industrial, el mensaje oficial parece ser que el mercado acomode lo que tenga que acomodar, aunque eso implique miles de familias sin ingreso.
Los datos son contundentes. Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), ya se perdieron 9.521 puestos de trabajo en Tierra del Fuego desde que asumió Milei y cerraron 256 empresas. No es “eficiencia”, es ajuste. No es modernización, es desindustrialización.
La apertura pega directo en la línea de flotación de la electrónica fueguina. El año que viene vencen las medidas antidumping para aires acondicionados y se espera una avalancha de equipos importados, sobre todo chinos. El antecedente de los microondas, cuya producción local se desplomó 60% tras el fin de las protecciones, anticipa lo que puede venir.
Mientras tanto, las grandes empresas que históricamente defendían el régimen empiezan a mirar para otro lado. Newsan y Mirgor ya aplican suspensiones y despidos, y diversifican negocios como si la electrónica fuera un capítulo cerrado. Nadie da la pelea política que antes daban.

Y en paralelo, la escena política parece vivir en otra dimensión. Hay senadores que celebran su salto de bloque como si fuera una hazaña personal, como Luis Juez, más preocupado por acomodarse que por las fábricas que cierran. Otros, Lozada y Luis Naidenoff, se muestran en gestos públicos y escenas de camaradería que contrastan brutalmente con la angustia social. Mientras en Tierra del Fuego se ocupan plantas porque no hay sueldos, en el Senado sobran abrazos, fotos y festejos.
La desconexión es total. En la isla se multiplican suspensiones, despidos y cierres; en Buenos Aires se multiplican pases de bancada y escenas de show político. La toma de Aires del Sur no es solo un reclamo salarial: es la advertencia de que el modelo productivo fueguino está entrando en zona de derrumbe. Y la dirigencia nacional, en lugar de reaccionar, parece estar demasiado ocupada celebrándose a sí misma.