Domingo Cavallo volvió a aparecer en la escena pública y lo hizo como suele hacerlo: sin anestesia. Esta vez apuntó directo al corazón del programa económico de Javier Milei, al que calificó como un esquema sostenido sobre dos bombas silenciosas que, si no se desactivan pronto, pueden estallar y desarmar el relato de la recuperación antes de que termine de despegar.
El ex ministro, padre de la convertibilidad y voz siempre escuchada en los mercados, puso el foco en la sobrevaluación feroz del peso, que según él ya está asfixiando la competitividad y frenando cualquier posibilidad de repunte exportador real. Con un dólar atrasado y costos que suben sin pausa, Cavallo advierte que el Gobierno está coqueteando con un escenario que ya vivió el país: la ilusión de estabilidad que se paga después con un salto brusco y traumático.

La segunda bomba es, para él, igual de peligrosa: las tasas reales, que en su visión están tan desalineadas que no sólo traban el crédito productivo sino que terminan funcionando como un torniquete sobre la actividad. Cavallo dejó entrever que, si el Ejecutivo insiste en celebrar variables aisladas mientras la economía real sigue planchada, el rebote prometido para 2026 puede transformarse en un espejismo.
En un momento en el que Milei necesita mostrar control y convicción, la advertencia de Cavallo se siente como un recordatorio incómodo: los mercados no viven de épica libertaria ni de cadenas nacionales, sino de números que cierran. Y hoy, según el ex ministro, los números del plan tienen más riesgo escondido que potencia.
El dilema para el Gobierno es claro: ajustar a tiempo o confiar en que las bombas nunca van a explotar. Cavallo ya eligió qué creer. El mercado, en silencio, toma nota.