El último posteo de Javier Milei no sorprende por el tono, pero sí preocupa por lo que implica. Otra vez el Presidente eligió salir a las redes a los gritos: trató de “chantas” a economistas y dijo que el 95% de los periodistas “miente” y hace “basura inmunda”. No es una crítica puntual, es directamente dinamitar todo.

Y ahí está el problema. No es lo mismo que esto lo diga un tuitero cualquiera a que lo diga el Presidente. Milei no está opinando desde afuera del sistema: es quien lo conduce. Cuando descalifica así, en bloque, a periodistas y economistas, no está elevando el debate, lo está embarrando.
Además hay una contradicción bastante evidente. Pide “coherencia”, pero lo hace a los insultos. Si de verdad quiere un debate serio, el camino no es descalificar a todo el que piensa distinto. La coherencia se demuestra con argumentos, no con etiquetas.
También hay una lógica que se repite: dividir todo en buenos y malos. De un lado, él y los que lo bancan. Del otro, un supuesto 95% que miente. Esa mirada puede servir para la tribuna, pero es peligrosa cuando viene del que tiene la responsabilidad de gobernar.
Se puede criticar al periodismo, claro. Y a los economistas también. Pero una cosa es discutir datos o enfoques, y otra muy distinta es decir que casi todos son unos mentirosos. Eso no suma nada, solo genera más desconfianza y ruido.
En un momento complicado del país, lo que haría falta es más claridad, más discusión en serio. No más gritos. Porque cuando todo se reduce a insultos, al final no gana nadie… y la política pierde un poco más de credibilidad.