El Fondo Monetario Internacional volvió a enviar un mensaje directo al Gobierno argentino: la meta de acumulación de reservas no es negociable y el país debe usar la “ventana de oportunidad” actual para ordenar el frente cambiario y monetario. La advertencia llega en un momento en el que el Banco Central sigue con niveles frágiles de dólares, la brecha cambiaria se mantiene volátil y el programa económico aún no logra estabilizar expectativas del todo.
Según el organismo, la Argentina atraviesa un período en el que una combinación de menor tensión financiera y un contexto internacional relativamente favorable permitirían avanzar en un marco cambiario coherente, que reduzca distorsiones y otorgue previsibilidad. Traducido del lenguaje técnico del Fondo: el Gobierno debe unificar criterios, evitar parches y avanzar hacia un régimen más claro que dé señales al mercado.

La referencia a la “ventana de oportunidad” no es casual. El FMI viene repitiendo que el país tiene una chance acotada para completar las correcciones pendientes, antes de que las turbulencias políticas o los shocks externos vuelvan a complicar el panorama. Y, en particular, insiste con que el Banco Central debe volver a acumular reservas netas, un punto que el organismo considera central para sostener cualquier programa de estabilización.
En el Gobierno admiten que la meta es exigente, pero aseguran que el equipo económico avanzará con una “hoja de ruta consistente”. Aun así, dentro del mercado crecen las dudas: los ingresos de divisas siguen condicionados por la caída de las exportaciones, los pagos de deuda presionan y el financiamiento externo continúa limitado.
El reclamo del FMI, en definitiva, apunta al corazón del plan económico: sin reservas, sin esquema cambiario claro y sin una política monetaria alineada, la estabilidad sigue siendo más un objetivo que una realidad. Y el organismo, como cada vez que olfatea riesgos, vuelve a poner el mensaje sobre la mesa antes de que la “ventana de oportunidad” se cierre.