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El mayor frigorífico del país al borde del cierre

La crisis de la industria avícola empezó a exponer una dimensión estructural del modelo económico que impulsa Javier Milei. La apertura de importaciones y la retracción del mercado interno ya no impactan solo en pymes o sectores históricamente críticos del liberalismo económico: ahora golpean también a empresarios que respaldaron públicamente el proyecto libertario.

Uno de los casos más resonantes es el de Joaquín de Grazia, dueño de Granja Tres Arroyos, la principal procesadora de pollos del país. De Grazia defendió la reforma laboral y las políticas oficiales como necesarias para “modernizar” la economía. Sin embargo, su empresa enfrenta hoy un panorama crítico por el fuerte ingreso de pollos provenientes de Brasil: en 2025 las importaciones rozaron las 20 mil toneladas, con un salto superior al 300% respecto del año anterior, según datos del sector.

La competencia externa, con costos más bajos, presiona los precios internos en un mercado deprimido por la caída del consumo. En ese contexto, en la empresa ya se habla de un nuevo ajuste que podría concretarse en marzo con otros 450 despidos, sumándose a un recorte que comenzó el año pasado. A fines de 2024, la compañía atravesó incluso dificultades para pagar salarios y logró regularizar la situación recién en enero.

El cuadro se agravó con el cierre del mercado europeo para la carne avícola argentina debido a restricciones sanitarias vinculadas a un rebrote de gripe aviar. Para un sector que depende de las exportaciones para equilibrar su estructura de costos, la pérdida de ese destino comercial implicó un golpe adicional.

La crisis no se limita a Tres Arroyos. El futuro de Cresta Roja vuelve a encender alarmas. La firma arrastra más de una década de inestabilidad: fue absorbida por Tres Arroyos y luego quedó en manos de la familia Peña, propietaria de La Anónima. En 2024 hubo nuevos despidos en su planta de Esteban Echeverría y ahora, en el sector, directamente se habla de un posible cierre.

Un informe de la consultora String-Agro advierte que marzo podría ser un mes crítico, con más de 450 trabajadores desafectados entre los frigoríficos de Cresta Roja y Granja Tres Arroyos. Si las exportaciones no se reabren en abril, el escenario de quiebra empieza a dejar de ser una hipótesis lejana.

El impacto más visible se siente en Concepción del Uruguay, donde Tres Arroyos opera el frigorífico más grande del país tras haber absorbido años atrás otra planta procesadora. La industria aviar llegó a emplear allí cerca de 1.500 trabajadores; hoy apenas ronda los 700. En los últimos meses se registraron unos 160 despidos y 300 empleados aceptaron retiros voluntarios, aunque —según trabajadores— las indemnizaciones pactadas aún no fueron abonadas.

La paradoja es evidente: empresarios que celebraron la desregulación y la apertura comercial ahora enfrentan las consecuencias de una competencia externa sin amortiguadores y de un mercado interno debilitado. La crisis avícola, lejos de ser un episodio aislado, empieza a mostrar las tensiones de un modelo que promete eficiencia y competitividad, pero que en el corto plazo deja un saldo creciente de plantas en riesgo y trabajadores en la incertidumbre.

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