La renuncia de Marco Lavagna y el freno en la actualización de los indicadores oficiales despiertan interrogantes sobre alquileres, créditos y expensas en un 2025 que buscaba previsibilidad.
La interrupción en la difusión de datos del INDEC ha generado un ruido inesperado en una economía que intentaba normalizar sus variables. Tras la salida de Marco Lavagna, el mercado inmobiliario —un sector que respira al ritmo de la inflación y los índices de ajuste— se encuentra en estado de observación. Aunque los especialistas descartan un colapso inmediato, la incertidumbre técnica vuelve a poner en jaque la credibilidad de las estadísticas públicas.
Alquileres: entre la calma de 2025 y la memoria del 2024
A diferencia de las tensiones vividas el año pasado, el arranque de 2025 muestra un mercado de alquileres más ordenado. Según Germán Gómez Picasso, de Reporte Inmobiliario, la baja volatilidad actual reduce el margen para que los propietarios tomen medidas defensivas abruptas.
Hoy, los contratos se rigen mayoritariamente por el IPC (Índice de Precios al Consumidor) o el ICL (Índice de Contratos de Locación). ¿Qué pasa si el dato no está? Para los expertos, el impacto es operativo y menor: si un ajuste cae justo en estos días de «vacío», el inquilino puede abonar el monto previo y saldar la diferencia una vez que el índice sea publicado. «Una demora de 15 días no debería generar distorsiones relevantes», sostienen desde el sector.

Créditos UVA: una cuestión de décimas
Para quienes poseen créditos hipotecarios ajustados por inflación, la preocupación es, por ahora, teórica. Federico González Rouco, economista de Empiria Consultores, señala que la diferencia entre la medición de la canasta vigente y una eventual metodología actualizada es marginal.
Incluso con una mayor ponderación de los servicios en la nueva canasta, el impacto en la cuota mensual sería de apenas unas décimas. En el contexto actual, la estabilidad de los precios relativos hace que ambas metodologías (la vieja y la nueva) converjan en resultados similares, sin alterar el acceso al financiamiento ni el esfuerzo de los tomadores de deuda.
Las expensas: el eslabón más débil del presupuesto
Donde la preocupación cobra más fuerza es en los gastos comunes de los edificios. Con expensas promedio que ya alcanzan los $250.000 en la Ciudad de Buenos Aires, el «vacío estadístico» podría afectar la negociación con proveedores.
David Loisi, de la Fundación Liga del Consorcista, explica que las expensas no se ajustan por un índice fijo, sino por costos reales (paritarias de encargados y abonos de servicios). Sin embargo, advierte sobre un peligro intangible: la pérdida de referencia. Cuando no hay datos oficiales creíbles, los precios tienden a fijarse por expectativas de inflación, un mecanismo que históricamente termina perjudicando al consumidor con aumentos preventivos por encima de la realidad.
Resumen de situación por segmento
- Alquileres: Impacto bajo. Se espera que la mediación de inmobiliarias ordene los ajustes pendientes si persiste la demora.
- Créditos Hipotecarios: Sin cambios significativos. Las cuotas UVA no registrarán saltos bruscos por cambios metodológicos.
- Expensas: Riesgo moderado. El peso en el bolsillo familiar es alto y la falta de referencia oficial puede encarecer los contratos de mantenimiento.
El mercado inmobiliario argentino, históricamente resiliente pero sensible a la falta de reglas, aguarda que la normalización del INDEC devuelva la brújula necesaria para contratos a largo plazo. Por ahora, la estabilidad lograda en los últimos meses actúa como un colchón frente a la incertidumbre política.