Lo que Milei y Caputo vendieron como “el apoyo histórico más grande de la historia” terminó siendo el papelón financiero del año. Trump anunció con bombos y platillos 40 mil millones de dólares (20 mil del Tesoro y 20 mil de bancos privados) y, tres semanas después, los bancos de Wall Street mandaron a los gritos un mensaje clarito: “Gracias, pero no”. Se bajaron del todo y dejaron apenas un repo de 5 mil millones para que Argentina no explote en enero. O sea, del cielo al infierno en tiempo récord.
Y la culpa no es de los yanquis. Los bancos vieron los números reales y salieron corriendo: reservas netas negativas, un Banco Central que parece un colador, inflación que sigue arriba del 100% acumulada en 2025 aunque la vendan como “baja”, y un gobierno que gastó todo el año gritando “no hay plata” mientras pagaba intereses de deuda como si sobrara. ¿Quién en su sano juicio presta 20 mil millones a largo plazo con ese panorama? Nadie. Ni siquiera los amigos ideológicos de Milei.
El resultado es que hoy, en Nueva York, Londres y Pekín, los traders y los funcionarios se ríen en voz baja (y a veces no tan baja) de la Argentina que se creyó el cuento del respaldo ilimitado de Trump. “Vendieron humo y les creyeron”, se escucha en los pasillos de los fondos de inversión. Mientras tanto, China renueva su swap de 5 mil millones en silencio y sin pedir que rompamos relaciones con nadie. Gana por knock-out.
En el país, el Gobierno salió a decir que “todo está bajo control” y que “el repo alcanza para enero”. Traducción: estamos pateando la bomba para marzo o abril, cuando no quede más remedio que devaluar fuerte o volver a pedirle al FMI lo que juraron nunca más pedir. El dólar blue ya lo sabe y se ríe también: hoy roza los 1.400 pesos.

Milei prometió que con su amistad con Trump íbamos a tener “líneas de crédito abiertas como nunca”. Hoy tenemos la línea abierta… pero del teléfono para escuchar las carcajadas del mundo. El crédito que no fue es el espejo más grande que nos podían poner enfrente: seguimos siendo el país que vive de anuncios, que confunde un tuit con un préstamo y que cree que gritar “libertad” alcanza para que los dólares aparezcan solos.
Nos reímos nosotros de los “zurdos” que decían que esto iba a terminar mal. Hoy se ríen de nosotros en todos los idiomas. Y con razón.