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INFORMACIÓN Y OPINIÓN

En la familia Milei no alcanza con clonar perros: también hay que aprender a hablarles

La investigación de The New York Times sobre la supuesta vidente que asesoró a Javier Milei para comunicarse con Conan y sus clones vuelve a poner bajo la lupa al círculo íntimo del Presidente. Pero hay un detalle que merece capítulo propio: Karina Milei también habría recurrido a la misma especialista para aprender a comunicarse con los animales.

Según el relato de Celia Melamed, la mujer que durante años trabajó con el Presidente, Karina participó de uno de sus talleres alrededor de 2019 y después le envió mensajes durante meses para pedirle más orientación. Una historia insólita que, de confirmarse en todos sus detalles, alimenta las preguntas sobre el universo privado en el que se movía la familia presidencial antes de llegar al poder.

La política argentina ya ofrecía suficientes espectáculos difíciles de creer. Pero ahora aparece una historia que mezcla espiritismo, perros clonados y una familia presidencial que, según el testimonio publicado por el diario estadounidense, buscaba respuestas más allá de este mundo.

Karina Milei, presentada por el oficialismo como la estratega silenciosa que maneja los hilos del Gobierno, queda involucrada en un episodio que parece escrito por un guionista con exceso de imaginación. La misma dirigente que administra el acceso al Presidente y concentra un enorme poder político habría buscado orientación para comunicarse con los animales.

El problema no es lo que cada persona crea en su intimidad. Cada uno tiene derecho a sus creencias. El problema aparece cuando el relato sobre quienes rodean al poder presidencial deja de parecer una anécdota privada y se convierte en una pregunta pública sobre el criterio, las influencias y el funcionamiento del entorno de quienes gobiernan.

Mientras millones de argentinos lidian con los precios, los salarios y la incertidumbre económica, el universo presidencial vuelve a quedar asociado a una historia que parece salida de una comedia absurda. Y el contraste es inevitable: un Gobierno que se presenta como defensor de la racionalidad económica convive con un relato sobre consultas psíquicas, comunicación con animales y conversaciones con mascotas fallecidas.

No hay que confundir una declaración periodística con una prueba de que todo ocurrió exactamente como se cuenta. Pero tampoco hace falta exagerar los hechos para advertir el efecto político de semejante historia.

Karina Milei construyó su poder lejos de las cámaras, con una influencia decisiva sobre su hermano y sobre el armado libertario. Por eso, cada revelación sobre su entorno despierta interés público. Y esta, por extravagante que parezca, deja una postal difícil de ignorar: en la Argentina de Milei, hasta la comunicación con los perros terminó convertida en un asunto de la familia presidencial.

Porque una cosa es gobernar con convicciones y otra muy distinta es que el relato sobre quienes manejan el poder termine pareciendo una sesión de espiritismo. En la Casa Rosada sobran los discursos sobre la libertad; ahora falta saber quién les explica a los argentinos qué parte de este universo presidencial hay que tomarse en serio.

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