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Cinismo sin límites: Luis Juez sobreactúa por izquierda y le moja la oreja a Milei

El oportunismo de Luis Juez ya no sorprende: indigna. Porque lo suyo no es evolución política ni matices. Es algo mucho más crudo y calculado: una doble vara obscena que cambia según la conveniencia del momento.

En un país que conmemora los 50 años del golpe, donde todavía hay consenso social sobre el horror de la dictadura, Juez intenta jugar a dos puntas. Por un lado, acompaña y se integra sin pudor al espacio de Javier Milei, un gobierno acusado de promover discursos negacionistas y de relativizar el terrorismo de Estado. Un oficialismo que habla de “memoria completa”, cuestiona la cifra de desaparecidos y hasta difunde contenidos que justifican a represores. Y que tiene como figuras centrales a Patricia Bullrich y Karina Milei, alineadas con esa narrativa revisionista.

Pero, al mismo tiempo, Juez pretende posar como defensor de la memoria, votando declaraciones simbólicas o subiendo historias recordando el 24 de marzo, como si nada pasara. Como si no formara parte —activa— del mismo espacio político que intenta reescribir la historia.

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Juez organizó un acto con toda la dirigencia del Frente Cívico, donde no había ni radicales ni libertarios que el tanto persigue buscando bendiciones, donde solamente había un puñado de militantes pagos de su partido que fueron sin saber que hacer ni decir por el doble discurso y la doble moral. El partido se encuentra en una encrucijada solamente comprendida por él, donde los afiliados que siguen en teoría una lógica son desviados día a día por su líder buscando una apetencia personal. Las contradicciones de Juez ya molestan hasta a los propios. Es por eso que en el acto desarrollado en el Memorial de San Vicente no estaba todos. Faltaban los zurdos y los fachos. Faltaban los más pensantes. Faltaban los que dijeron “nunca más”. Los que se cansaron de escuchar un día una cosa y al otro otra. Juez es de los que escriben con la derecha en el senado pero borran con la izquierda en estas fechas.

Ese es el punto: no es contradicción, es cinismo.

Porque Juez no está afuera del gobierno: se sumó formalmente a La Libertad Avanza y viene respaldando sistemáticamente a Milei en el Senado. No es un crítico interno ni un disidente. Es parte. Y sin embargo, cuando llega una fecha incómoda, intenta despegarse con gestos tibios, calculados, casi publicitarios.

Una cosa es tener matices. Otra muy distinta es querer quedar bien con todos.

Luis Juez y el Frente cívico subieron un video como para quedar bien. De hecho para quienes entienden el fenómeno de las redes sociales lo postearon desde historias, como para que el 26 nadie lo pueda ver y quede solamente en un día.

Años atrás, antes de que Luis Juez se vendiera a la derecha de Milei, Karina y Bullrich también hacía videos, pero los dejaba para siempre en la red.

Juez juega a ser el hombre que nunca se equivoca: acompaña a un gobierno que relativiza el terrorismo de Estado, pero a la vez levanta la bandera de los derechos humanos cuando le conviene, por que sabe que como decía Julio Grondona “todo pasa”, y como es tan hipócrita que está en contra del aborto pero se saca fotos con aborteros a los que no le dice que no a nada. Se arrastra cuando hay que garantizar gobernabilidad, pero se maquilla de republicano cuando hay que cuidar la imagen. Sufre cuando vota lo que no le gusta pero a su vez cosecha adeptos creyentes que es una cosa cuando en realidad es otra.

No es equilibrio. Es oportunismo.

En el fondo, lo que molesta no es que cambie. Es que no se haga cargo. Porque si realmente cree en la memoria, la verdad y la justicia, entonces debería decirlo con claridad dentro de su propio espacio político, enfrentando a quienes hoy niegan o minimizan el genocidio. Gritarlo en el senado y pararse a Karina, Milei y Bullrich y decirle lo que verdaderamente piensa, si es que lo piensa. Y no lo hace.

Prefiere la comodidad del doble discurso.

El problema es que en la Argentina, la memoria no es un accesorio para stories de Instagram. Es una línea ética. Y ahí es donde Juez queda expuesto: diciendo una cosa para la tribuna y sosteniendo otra en los hechos.

Ni convicción, ni coraje. Solo cálculo.

Y en política, pocas cosas son más peligrosas que alguien que siempre quiere quedar bien.

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