La gira de Gabriel Bornoroni y Gonzalo Roca por Traslasierra terminó convirtiéndose en una muestra bastante poco épica del supuesto crecimiento de La Libertad Avanza en Córdoba: poca gente, dirigentes molestos y pases de factura internos.
El episodio más contundente ocurrió en San Pedro, donde el encuentro se realizó en el Centro de Jubilados y, según publicó Política Córdoba Verdad, no hubo más de 12 personas. Y ni siquiera todas eran de la localidad: varias habrían llegado desde otros puntos de la región para acompañar a Bornoroni.
Lejos de asumir la falta de convocatoria, el diputado nacional encontró una explicación: “Me bajaron la gente”, habría asegurado durante su discurso, apuntando a la dirigencia local.
La intendenta de San Pedro, Silvina Cabezas, no dejó pasar el comentario y salió al cruce con una respuesta demoledora:
“¿En serio necesitás decir que te bajan la gente? Si no tenés convocatoria es porque no te quieren escuchar”.
Pero el problema para los libertarios no terminó en San Pedro.
La recorrida incluyó Villa Dolores, Los Hornillos, Mina Clavero y Villa Cura Brochero, entre otras localidades, y el denominador común habría sido una convocatoria muy inferior a la esperada. Según las versiones difundidas desde la región, el malestar de Bornoroni habría crecido porque los referentes locales no lograron garantizar siquiera un número mínimo de asistentes.
Y entonces apareció otra explicación todavía más curiosa: el diputado libertario habría responsabilizado al “peronismo kirchnerizado” por la falta de vecinos en sus reuniones, sosteniendo que en distintos lugares de Córdoba ese sector impediría que la gente concurra a escucharlo.
Es decir: si no hay gente, la culpa sería del peronismo; si hay poca gente, también.
La postal de Traslasierra deja así una pregunta incómoda para la conducción libertaria cordobesa: ¿están construyendo territorio o simplemente recorriendo localidades para comprobar que todavía no tienen a quién convocar?
La gira que pretendía mostrar músculo político terminó exhibiendo salones semivacíos, reproches a los propios referentes y una intendenta que directamente les dijo en la cara lo que nadie quería escuchar: si la gente no va, quizás el problema no sea quién “baja” a los asistentes, sino quién está intentando convocarlos.