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Faltan 4 billones de pesos del Tesoro Nacional y nadie sabe dónde están

El Gobierno de Javier Milei construyó durante casi tres años una religión alrededor de las cuentas públicas. Cada peso destinado a jubilados, universidades, discapacidad, hospitales u obra pública fue sometido a la motosierra bajo un argumento repetido hasta el hartazgo: no hay plata.

Ahora resulta que cuando la pregunta involucra una cifra descomunal, cercana a los $4 billones, la rigurosidad contable parece haberse evaporado.

El Tesoro Nacional captó $12,21 billones en la licitación del 29 de julio, frente a vencimientos cercanos a los $8 billones. Quedó así un excedente aproximado de $4 billones cuyo movimiento y registración despertaron interrogantes entre analistas y operadores.

Cuatro billones.

$4.000.000.000.000.

Una montaña de dinero equivalente a aproximadamente US$2.600 millones.

Y cuando le preguntaron al presidente del Banco Central, Santiago Bausili, dónde estaba semejante cantidad de plata, la respuesta fue tan insólita que parecería una parodia si no hubiera salido de boca de una de las máximas autoridades económicas del país.

“No creo que hayan desaparecido”.

Y después remató asegurando que, si buscaban bien, “en algún lado están”.

Es difícil imaginar una respuesta más escandalosa para un Gobierno que pretende dar clases de administración, transparencia y responsabilidad fiscal.

Porque acá hay algo que debe quedar claro: no existe hasta el momento evidencia pública que permita afirmar que esos $4 billones fueron robados. Economía sostiene que los fondos forman parte del flujo general de caja del Estado.

Pero eso no salva al Gobierno del papelón.

Al contrario.

Si el dinero está, que expliquen exactamente dónde está.

Si fue utilizado, que digan para qué.

Si pasó a otra cuenta, que indiquen cuál.

Si hubo movimientos financieros, que los documenten.

Y si todo tiene una explicación perfectamente normal, resulta todavía más inexplicable que el presidente del Banco Central haya contestado prácticamente que había que ponerse a buscar la plata.

El contraste con el discurso oficial es brutal.

Para un jubilado que reclama unos pesos más, el Gobierno tiene hasta el último decimal calculado.

Para una persona con discapacidad, hay auditorías.

Para una universidad, no hay plata.

Para una ruta nacional destruida, no hay plata.

Para la obra pública, no hay plata.

Para los hospitales, no hay plata.

Para las provincias, no hay plata.

Pero cuando aparecen interrogantes sobre $4 billones, el presidente del Banco Central dice que deben estar “en algún lado”.

El mismo Gobierno que convirtió el equilibrio fiscal en una bandera casi sagrada ahora queda atrapado en una pregunta elemental que cualquier almacenero podría contestar sobre su caja: ¿dónde está la plata?

Y la respuesta no puede ser “en algún lado”.

Javier Milei y Luis Caputo hicieron de la motosierra un espectáculo político. Se fotografiaron con ella, celebraron el ajuste y presentaron cada recorte como una batalla moral contra la supuesta irresponsabilidad de la vieja política.

Por eso este episodio golpea directamente en el corazón de su relato.

Porque quienes llegaron prometiendo terminar con los desmanejos del Estado tienen ahora que explicar, con documentación y no con frases improvisadas, qué ocurrió con un excedente equivalente a miles de millones de dólares.

La explicación posterior de que los fondos forman parte del flujo de caja estatal podrá tener una justificación técnica. Pero llegó después del escándalo y después de que el propio Bausili reconociera que no tenía una respuesta precisa porque correspondía al Tesoro.

Y ahí está la gravedad política del asunto.

No es serio que el presidente del Banco Central tenga que suponer dónde están $4 billones vinculados a una operación del Tesoro.

No alcanza con decir que seguramente están.

No alcanza con asegurar que no desaparecieron.

No alcanza con mandar a preguntarle a otra oficina del mismo Gobierno.

Hay que mostrar las cuentas.

Porque estamos hablando de dinero público.

Mientras tanto, la escena resulta obscena: un Gobierno que revisa pensiones, congela partidas, frena obras y discute cada aumento jubilatorio en nombre del equilibrio fiscal no pudo ofrecer inmediatamente una explicación clara y unificada sobre el recorrido de cuatro billones de pesos.

Milei suele decir que dentro del Estado “no hay plata”.

Esta vez la pregunta es bastante más incómoda:

si la plata estaba, ¿dónde fueron a parar los $4 billones?

Y que el presidente del Banco Central responda, en esencia, que deben estar por algún lado no solamente es un papelón.

Es una demostración de la opacidad que el Gobierno decía haber venido a terminar.

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