Aída Tarditti y Jesica Valentini son las vocales del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba que con más énfasis exponen sus posiciones «feministas» y las que más se exhiben mediáticamente pendientes de los derechos de la mujer y la perspectiva de género. Tarditti conservadora y sin militancia territorial; Valentini más progresista y con reconocido activismo universitario, tienen, ambas, origen en la Unión Cívica Radical. Aunque llegaron al máximo tribunal de justicia de Córdoba por caminos distintos. La primera es un cuadro mestrista con terminal actual en Oscar Aguad y antecedentes en la familia judicial. La segunda accedió por su vínculo con el gobernador Martín Llaryora sin avales de estirpe. Ambas se registran como asistentes permanente a congresos, eventos y manifestaciones que visibilizan el problema de género en Argentina. Sus posiciones al respecto nunca dejaron lugar a dudas. Hasta ahora.

Esto porque en el marco de la discusión por el próximo período presidencial (correspondiente a 2026) del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, Tarditti y Valentini, que parecen conducir – al menos la primera- sin disimulos a un desgastado Luis Angulo (actual titular), amagan con promover la continuidad «machista» en la titularidad del cuerpo a través del histórico Domingo Juan Sesín.
Hasta hace unos meses se descontaba que después de 5 períodos consecutivos en manos de varones, la presidencia del TSJ volvería a ser ocupada por una mujer. Desde 2020 pasaron el mencionado Sesín, Sebastián López Peña y Angulo. Las líderes feministas del cuerpo daban por hecho que la nueva conducción sería femenina. Y todos, incluso los varones, estuvieron de acuerdo.
Pero parece que Tarditti pensó que la mujer que debía suceder a Angulo era ella misma, incluso pagando otra vez el precio de votarse a sí misma – una práctica indecorosa en el lenguaje de los supremos cordobeses- como lo había hecho en 2020 cuando llegó muy justita con las voluntades internas. Sin embargo la mayoría le aviso en el pleno de la semana pasada que la mujer elegida no era ella. No solo porque había sido la última en ese cargo y corresponde la alternancia también entre mujeres, sino porque no tiene consensos.

Ahí fue cuando Tarditti arrastrando a Valentini parecen motivadas a olvidar por un momento sus «militancias» y actuaciones feministas y comenzaron con el intento de darle continuidad al patriarcado del TSJ para todo el 2026. Le ordenaron a Angulo que promueva la presidencia de Sesín e impida que María Marta Cáceres de Bollati lo suceda.
Lo de Tarditti se explica por el humano sentimiento de rencor al no poder imponerse ella misma. Lo de Valentini es más dificil entenderlo en el contexto de las siempre activas miserias en el Poder Judicial, aunque seguramente en las próximas semanas sabremos las causas y el desenlace.


