
Un nuevo relevamiento de AtlasIntel para Bloomberg expone con crudeza el mapa actual de la imagen de Javier Milei: la desaprobación supera a la aprobación en la mayoría de los segmentos sociales y demográficos, con caídas marcadas en mujeres, adultos y buena parte del interior del país.
El dato más contundente es el diferencial negativo generalizado. Entre las mujeres, la desaprobación alcanza 55,9%, muy por encima del 39% que lo aprueba. En los hombres el escenario es más parejo, pero también adverso: 49,4% desaprueba contra 48,1% que respalda su gestión. La brecha de género, lejos de achicarse, se consolida como uno de los principales problemas políticos del oficialismo.

Por edades, el Presidente conserva su núcleo más sólido en los jóvenes de 16 a 24 años, donde logra 63,3% de aprobación frente a 29,5% de rechazo. Sin embargo, a partir de los 35 años la tendencia se invierte con fuerza: en el tramo de 35 a 44 años la desaprobación escala a 64,3%, y entre 45 y 59 llega al 60,2%. Incluso en mayores de 60 años, un segmento históricamente sensible a los vaivenes económicos, el rechazo alcanza 54,4%.
El nivel educativo también marca diferencias significativas. Entre quienes tienen educación superior, la desaprobación trepa a 66,1%, uno de los registros más altos del estudio. En cambio, entre quienes cuentan con educación secundaria el apoyo es más competitivo, aunque igualmente insuficiente para revertir la tendencia general.
Cuando se analizan los ingresos, el malestar atraviesa casi todas las franjas. En sectores que perciben entre $630.000 y $1.000.000 mensuales, la desaprobación llega a 57,5%. Incluso en los segmentos de mayores ingresos, donde podría suponerse mayor afinidad con el programa económico, el rechazo ronda el 50%. No hay, según el gráfico, un refugio social claro donde el Presidente esté creciendo con comodidad.
El contraste más fuerte aparece al mirar el voto 2023. Entre quienes eligieron a Sergio Massa en el balotaje, la desaprobación es prácticamente total (93,1%). Pero lo relevante es que, aun entre votantes que optaron por otras alternativas o votaron en blanco, la desaprobación supera ampliamente a la aprobación. El oficialismo retiene con firmeza a quienes votaron a Milei en segunda vuelta (76,3% de aprobación), pero no logra expandirse más allá de ese núcleo duro.
El escenario de cara a las legislativas 2025 profundiza esa lógica de polarización. Entre quienes hoy se inclinan por La Libertad Avanza, la aprobación roza el 90%, pero en el resto del espectro político el rechazo es masivo, con picos superiores al 90% en espacios opositores. Es un apoyo intenso, pero encapsulado.
Regionalmente, el panorama tampoco es uniforme. En CABA y el Centro el Presidente muestra números relativamente más competitivos, pero en Patagonia y el interior bonaerense la desaprobación supera el 56% y el 61% respectivamente. El Norte Grande aparece dividido, mientras que en Nuevo Cuyo el apoyo es levemente mayor, aunque sin margen amplio.
El gráfico dibuja un Presidente fuerte en su base original, especialmente joven y libertaria, pero con dificultades claras para ampliar consensos. La aprobación ya no es un fenómeno expansivo sino defensivo. Y cuando la desaprobación se vuelve mayoritaria en mujeres, adultos, sectores medios y buena parte del interior, el desafío deja de ser comunicacional para transformarse en político y estructural.