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La hora de negociar: Milei y los Gobernadores trazan puentes buscando el presupuesto más apto para todos

En la antesala del debate por el Presupuesto 2026, la política argentina ingresa en una fase en la que todo es negociación, cálculo fino y pragmatismo territorial. En un Congreso sin mayorías automáticas y con un oficialismo que necesita cada voto, la llave del futuro de las reformas vuelven a tenerla los gobernadores. Y aunque no existe un número cerrado ni un bloque consolidado, en la Casa Rosada trabajan sobre distintas hipótesis de acumulación política para asegurar el resultado.

La primera hipótesis con la que operan cerca del Presidente Javier Milei parte de un dato básico: ningún gobernador, incluso los opositores más duros, puede desentenderse del reparto de fondos y obras. Con esa premisa, el Gobierno avanzó en conversaciones uno a uno, convencido de que las negociaciones territoriales rinden más que los acuerdos amplios y públicos. En este escenario, un grupo de provincias del Norte y del Sur —Salta, Misiones, Tucumán, Neuquén y algunas patagónicas— aparece como el núcleo más dispuesto a construir un puente parlamentario a cambio de garantías presupuestarias.

La segunda hipótesis, más ambiciosa, plantea la posibilidad de que esos mandatarios conformen un interbloque flexible, capaz de sumar un puñado de diputados y senadores que, sin romper con sus fuerzas de origen, puedan alinearse votación por votación. No sería un bloque tradicional, sino un espacio de “cooperación táctica”, útil para equilibrar la relación con la Nación y para vender hacia adentro el acceso a recursos en un año económicamente exigente. Bajo este esquema, el Gobierno calcula que podría sumar entre seis y diez votos adicionales, suficientes para empujar capítulos sensibles del Presupuesto.

Existe también una tercera hipótesis, menos probable pero no descartada en el oficialismo: que algunos gobernadores peronistas decidan dar libertad de acción a sus legisladores si la Casa Rosada habilita obras postergadas o alivios fiscales específicos para sus distritos. Esa opción, que se mueve en la penumbra de los contactos reservados, podría derivar en respaldos puntuales sin costo político explícito para nadie. En Balcarce 50 creen que, incluso sin formalizar adhesiones, el juego de necesidades recíprocas puede terminar inclinando el tablero.

Del lado de los gobernadores, las hipótesis también están sobre la mesa. La principal es que este año el Gobierno necesita más a las provincias que a la inversa. La urgencia por mostrar orden fiscal y capacidad de gestión convierte cada voto en el Congreso en una pieza de alto valor. La segunda es que el Gobierno, al no poder construir mayorías ideológicas, deberá construir mayorías transaccionales. Y allí, cada gobernador con representación parlamentaria se convierte en un actor imprescindible.

Por ahora, no hay compromisos cerrados ni un paquete de concesiones final. Pero el clima está marcado: todos negocian con todos, todos miden costos y beneficios, y todos saben que el Presupuesto 2026 será la verdadera prueba de fuerza del oficialismo después del reordenamiento político que dejó la última elección legislativa.

En definitiva, esta es la hora de negociar. Milei y los gobernadores lo saben: el Presupuesto más apto para todos no será el que más se parezca al proyecto original, sino el que surja de un delicado equilibrio territorial. Un equilibrio que, por primera vez en mucho tiempo, vuelve a colocar a las provincias en el centro del mapa del poder nacional.

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