La inflación de la Ciudad de Buenos Aires volvió a convertirse en un duro golpe para el discurso económico de la Casa Rosada. El índice de 2,9% registrado en el último mes no solo refleja que los precios continúan avanzando a un ritmo elevado, sino que además deja un dato políticamente demoledor: la inflación acumulada en lo que va del año ya supera la pauta que el propio Gobierno había proyectado para todo 2026.
El dato vuelve a encender todas las alarmas. Mientras el Gobierno insiste en presentar a la inflación como un problema prácticamente resuelto, la realidad muestra que los argentinos siguen enfrentando aumentos constantes en alimentos, combustibles, medicamentos, alquileres y servicios esenciales.
La inflación porteña suele anticipar la tendencia que luego refleja el índice nacional del INDEC. Si esa relación vuelve a repetirse, el Gobierno podría enfrentar un nuevo revés en el principal indicador sobre el que construyó buena parte de su narrativa económica.
Más allá de las estadísticas, el impacto se siente en la vida cotidiana. Cada incremento de precios obliga a las familias a resignar consumo, reduce el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones y profundiza la crisis que atraviesan comercios y pequeñas empresas, en un contexto donde la actividad económica continúa mostrando signos de debilidad.
Que la inflación acumulada ya haya superado la meta anual fijada por el propio oficialismo expone el desfasaje entre las proyecciones oficiales y la realidad. El relato de una inflación definitivamente controlada empieza a chocar con los números y con el bolsillo de millones de argentinos.
El 2,9% de CABA no es solo un dato estadístico. Es una nueva advertencia de que el proceso inflacionario está lejos de haber terminado y de que las promesas económicas del Gobierno vuelven a quedar bajo un fuerte signo de interrogación.