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Lanari en el Banco Nación: una designación que hoy no molesta a nadie, pero que hace 11 años indignó con la hija de Rossi

La designación de Javier Lanari como director del Banco Nación reabrió un viejo debate de la política argentina: ¿hasta qué punto los cargos estratégicos del Estado se asignan por capacidad técnica y experiencia, y cuánto pesan la confianza política y la cercanía con el poder? El nombramiento fue oficializado mediante el Decreto 618/2026, luego de la salida de Gonzalo Pascual del directorio de la entidad. 

La polémica tiene un antecedente inevitable. En 2015, el kirchnerismo nombró a Delfina Rossi como directora del Banco Nación cuando tenía apenas 26 años. La oposición de entonces denunció que se trataba de un caso de nepotismo por ser hija del ex ministro de Defensa Agustín Rossi y cuestionó su juventud y su escasa experiencia ejecutiva.

Once años después, el Gobierno de Javier Milei enfrenta críticas similares con la llegada de Lanari, uno de los hombres de mayor confianza de Manuel Adorni durante su paso por la Secretaría de Comunicación y Prensa. Licenciado en Periodismo por la Universidad del Salvador, Lanari construyó toda su carrera en medios de comunicación y luego en la comunicación política, sin antecedentes en la gestión bancaria, financiera o crediticia. 

¿QUIÉN ESTABA MÁS PREPARADO?

La comparación resulta incómoda para quienes durante años cuestionaron la designación de Rossi.

Delfina Rossi era economista graduada en la Universidad de Barcelona, tenía una maestría en Economía y había trabajado en organismos europeos vinculados al análisis económico y la regulación financiera. Su principal déficit era la escasa experiencia ejecutiva y su juventud, pero su formación académica estaba directamente relacionada con la función que iba a desempeñar.

Javier Lanari, en cambio, posee una extensa trayectoria en periodismo, comunicación institucional y estrategia política. Fue secretario de Comunicación y Prensa del Gobierno nacional y anteriormente desarrolló una carrera en medios. Sin embargo, su formación y experiencia profesional no están vinculadas al sistema financiero, la banca pública, el crédito ni la regulación bancaria. 

En términos estrictamente técnicos, resulta difícil sostener que Lanari llega al Banco Nación con mayores credenciales específicas que las que tenía Rossi en 2015. Mientras ella contaba con formación en economía y experiencia académica en esa disciplina, Lanari desembarca desde un recorrido profesional centrado en la comunicación política.

EL ARGUMENTO DE LA “CONFIANZA”

La defensa oficial seguramente será similar a la que utilizaron otros gobiernos: el directorio del Banco Nación no requiere únicamente especialistas financieros, sino también funcionarios de absoluta confianza política para ejecutar los lineamientos del Poder Ejecutivo.

Es un razonamiento que distintos gobiernos han utilizado para justificar nombramientos en empresas públicas y organismos descentralizados.

Sin embargo, esa explicación también expone una contradicción política.

Durante años, Javier Milei y buena parte de La Libertad Avanza construyeron su discurso denunciando que el Estado estaba ocupado por militantes, amigos y dirigentes premiados con cargos de alta remuneración sin reunir los antecedentes adecuados para esas funciones.

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