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Los bancos de España le bajan el pulgar a la Argentina

Los bancos españoles acaban de pinchar el relato oficial. Mientras el Gobierno insiste en que la economía repunta, dos de las entidades más grandes de Europa —BBVA y Santander— advirtieron públicamente que Argentina ya está en recesión, que la situación es “más complicada de lo que pensaban” y que, por ese motivo, cerraron prácticamente el crédito para empresas y personas en el país. Es un golpe directo a la estrategia económica libertaria, que busca en el financiamiento privado el motor de la reactivación.

Las declaraciones surgieron en el medio económico español Expansión y sorprendieron incluso dentro del sistema financiero local. El BBVA afirmó que “las perspectivas de crecimiento se deterioraron en el tercer trimestre”, admitiendo que la economía, lejos de repuntar, volvió a caer. El Santander fue todavía más crudo: “La situación es más complicada de lo que pensábamos”. Ambas entidades, además, revelaron una fuerte reducción en sus ganancias en Argentina debido a la volatilidad de las tasas, el derrumbe de la demanda de crédito y niveles de morosidad que no se veían desde crisis anteriores.

El freno crediticio ya es casi total. Los bancos españoles admiten que solo mantienen abierta una ventanita para exportadoras en dólares y, sobre todo, para empresas energéticas, que son las únicas con flujo y riesgo relativamente manejable. El resto del sistema productivo argentino, directamente, quedó afuera. “Hemos reducido de forma significativa la producción de préstamos ante el deterioro del entorno”, dijeron desde el BBVA. Santander fue más concreto: “Los únicos préstamos que concedemos en Argentina son a exportadoras en dólares y a energéticas”.

Este punto es un mazazo para el discurso oficial, porque el Gobierno sostiene que la reactivación depende del crédito privado. Pero la banca global, lejos de acompañar, está levantando un muro: sin estabilidad, sin dólares y sin señales de repago, no prestan. El diagnóstico es doble: falta liquidez, pero también sobra insolvencia. Y cuando se combinan ambos factores, la sequía financiera se vuelve estructural.

Por el lado de la liquidez, cada vez que el Banco Central intenta bajar la tasa para estimular el crédito, los mercados recalculan: menos rendimiento en pesos implica más presión cambiaria y más dudas sobre el equilibrio financiero. Un alivio podría llegar con los USD 1.500 millones que se esperan por la cosecha de trigo. Pero es insignificante frente al tamaño del agujero: un vaso de agua ante un incendio.

El otro frente es la solvencia, el más preocupante. En enero vencen USD 4.500 millones, y las reservas netas están en torno a USD 16.000 millones negativos, según estimaciones del propio FMI y de consultoras privadas. Con esos números, nadie presta. No hay ingeniería financiera que alcance si no aparece un conjunto de garantías reales.

Y ahí entra en escena la apuesta estrella del Gobierno: el repo. Un préstamo garantizado, coordinado por JP Morgan, que aspira a cubrir los vencimientos críticos. Morgan Stanley aparece como uno de los pocos que todavía no abandonaron la mesa. Pero la negociación está empantanada por la cuestión central: qué poner como garantía. Argentina ofrece los BoPreales, pero no sobran opciones. Los abogados en Nueva York trabajan contra reloj para ver si es posible convertir ese instrumento local en un colateral que los mercados internacionales acepten.

El problema es que no solo se discute la valuación del bono: se discute su blindaje jurídico. Ningún banco va a firmar un repo sin una garantía que pueda ejecutarse sin litigios interminables. Y sin garantías sólidas, nadie va a arriesgar un solo dólar.

Mientras tanto, el Gobierno sigue hablando de “recuperación”, pero la realidad que marcan los bancos internacionales es muy distinta: la economía argentina entró en recesión, el crédito se evaporó y el acceso al financiamiento externo es prácticamente nulo. La distancia entre el relato y los números se agranda. Y cuando los bancos globales empiezan a decirlo en voz alta, la señal no es solo económica: es política. Argentina volvió a entrar en zona de riesgo.

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