La dura derrota que sufrió el oficialismo en el Senado abrió una inesperada interna dentro del propio universo libertario. En lugar de asumir el costo político del fracaso parlamentario, Luis Juez eligió cargar las culpas sobre el equipo de comunicación de Santiago Caputo y sobre la estrategia comunicacional del Gobierno, llegando incluso a acuñar el insólito término “descomunicación” para justificar lo ocurrido.
La explicación de Juez sorprende porque reduce una derrota política a un problema de relato. Como si el rechazo a iniciativas oficiales hubiera sido consecuencia de una mala campaña de comunicación y no de una deficiente construcción de consensos, errores de negociación y una creciente pérdida de apoyo dentro del Congreso.
Resulta llamativo que quien integra el espacio político que debía garantizar los votos ahora busque deslindar responsabilidades apuntando contra los estrategas de la Casa Rosada. La comunicación puede amplificar un éxito o amortiguar un fracaso, pero difícilmente explique por sí sola una derrota legislativa de semejante magnitud.
El senador cordobés parece olvidar que los gobiernos ganan o pierden leyes por la fortaleza de sus acuerdos políticos, no por la creatividad de sus publicistas. Si el oficialismo no logró sostener su estrategia parlamentaria fue porque falló la conducción política, no porque faltaran eslóganes o publicaciones en redes sociales.
Más llamativo aún es que Juez busque presentarse como un observador externo cuando fue uno de los protagonistas de la discusión. Quien participa de las decisiones difícilmente pueda correrse de la escena cuando llegan las consecuencias.
La apelación a una supuesta “descomunicación” también refleja una tendencia cada vez más frecuente en la política argentina: reemplazar la autocrítica por el marketing. En lugar de reconocer errores de cálculo, falta de diálogo o incapacidad para construir mayorías, se responsabiliza a la narrativa, al mensaje o a quienes manejan la comunicación.
La derrota en el Senado dejó algo más que un traspié legislativo. También expuso las tensiones internas de un oficialismo que, frente al primer gran revés político, comenzó a buscar culpables puertas adentro. Y en ese intento, Luis Juez terminó responsabilizando a Santiago Caputo y a su equipo antes que asumir el papel que le corresponde como uno de los principales aliados parlamentarios del Gobierno.