Javier Milei volvió a dejar una definición que, más allá de cualquier discusión económica, expone una concepción inquietante sobre el trabajo, el crecimiento y el papel de un Presidente.
“¿Para qué voy a crear puestos de trabajo si la tasa de natalidad no crece?”, sostuvo Milei, vinculando la necesidad de generar empleo con la evolución demográfica.
La declaración resulta particularmente llamativa porque invierte una de las preocupaciones centrales de cualquier gobierno: normalmente, una economía intenta crear trabajo para las personas que ya existen, necesitan ingresos y buscan mejorar su calidad de vida, no solamente para atender un eventual crecimiento futuro de la población.
Argentina tiene trabajadores informales, jóvenes intentando ingresar al mercado laboral, personas que perdieron empleos, salarios deteriorados y familias que necesitan más de un ingreso para sostenerse. Frente a esa realidad, plantear la creación de puestos laborales casi como una consecuencia matemática del crecimiento poblacional supone reducir un problema social enorme a una ecuación extremadamente simplificada.
Además, existe una contradicción difícil de ignorar: la propia caída de la natalidad puede estar relacionada, entre muchos otros factores, con las dificultades económicas para independizarse, acceder a una vivienda, conseguir estabilidad laboral y afrontar el costo de criar hijos. Es decir, la falta de perspectivas económicas también puede contribuir a que las personas posterguen o directamente descarten tener hijos.
La lógica expresada por Milei parece entonces circular: si nacen menos argentinos, no sería necesario generar tanto empleo; pero una sociedad sin empleos suficientes, buenos salarios ni previsibilidad difícilmente genere las condiciones para que más familias decidan tener hijos.
Y allí aparece el problema político de fondo. Un Presidente no administra solamente estadísticas de población. Gobierna sobre millones de personas que hoy necesitan oportunidades.
La Argentina no necesita puestos de trabajo únicamente porque eventualmente haya más habitantes. Los necesita porque tiene que producir más, crecer, incorporar tecnología, generar riqueza, mejorar salarios y permitir movilidad social. El empleo no es un accesorio que se enciende cuando aumenta la natalidad.
Después de convertir durante años la generación de empleo privado en una de sus principales banderas, Milei termina formulando una pregunta que golpea directamente contra aquella promesa: si el Gobierno considera que con una población estancada no hace falta crear nuevos puestos de trabajo, entonces debería explicar cuál es exactamente el horizonte que les ofrece a los millones de argentinos que ya están acá.