Mientras el Gobierno exhibía la llegada de los F-16 como una de las grandes imágenes de su política de Defensa, en Río Cuarto una realidad mucho menos espectacular golpeaba al propio personal de las Fuerzas Armadas: afiliados denunciaban llevar más de 30 días sin prestaciones médicas.
Personal civil y militar de la Fuerza Aérea, trabajadores vinculados al Área Material Río Cuarto y dependencias militares de la región hicieron visible el reclamo justamente durante las actividades relacionadas con la llegada de los cazas.
La postal fue brutal por el contraste: aviones de combate presentados como símbolo de modernización mientras integrantes de las propias Fuerzas Armadas reclamaban algo mucho más elemental: poder atenderse cuando se enferman.
El conflicto afecta también a las familias. Medios locales recogieron denuncias de afiliados que debieron recurrir al sistema público o pagar consultas y prestaciones de su propio bolsillo ante la falta de cobertura.
Y el problema no apareció de un día para otro. Los reclamos venían acumulándose hasta desembocar en una interrupción generalizada de prestaciones que, al momento de hacerse pública la protesta, llevaba aproximadamente un mes.
La situación golpea directamente el discurso oficial sobre la reorganización del sistema sanitario militar. Cuando se anunció OSFA, se aseguró que la transición no dejaría a los afiliados sin cobertura. La realidad denunciada en Río Cuarto muestra un escenario completamente diferente.
Por eso la llegada de los F-16 terminó exponiendo dos caras de la política de Defensa: la que se muestra en ceremonias, fotografías y anuncios oficiales y la que viven diariamente militares, civiles y sus familias cuando necesitan una consulta, un estudio o un tratamiento y denuncian que la cobertura por la que aportan no responde.
Los F-16 pueden representar un salto tecnológico para la Fuerza Aérea. Pero detrás de los aviones hay personas. Y en Río Cuarto esas personas aprovecharon justamente la llegada de los cazas para recordar algo básico: una Fuerza Armada no se sostiene solamente comprando material militar; también tiene que garantizar condiciones dignas para quienes la integran.