Javier Milei había presentado a Paraguay como un ejemplo para la Argentina. Durante una visita al país vecino, el Presidente aseguró: “Nosotros en Argentina estamos siguiendo el modelo de Santiago Peña en Paraguay, que tantos frutos le ha dado al pueblo paraguayo”.
Sin embargo, detrás de aquellos elogios aparecía una realidad mucho menos alentadora: Paraguay arrastraba profundas desigualdades sociales, altos niveles de informalidad laboral y serias dificultades en el acceso a servicios públicos esenciales.
Mientras Milei reivindicaba el modelo económico paraguayo, en Argentina su propio programa de ajuste golpeaba a jubilados, trabajadores y sectores vulnerables.
La contradicción era evidente: el Presidente celebraba los supuestos frutos de un modelo sin explicar cómo se distribuían esos beneficios ni cuánto llegaba realmente a los sectores más postergados de la sociedad.