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Burla y mentira: en 2023 Milei acusaba a Santilli de corrupto

El ascenso de Diego Santilli al primer lugar en la lista de candidatos a diputados por La Libertad Avanza (LLA) en la provincia de Buenos Aires, aún en espera de la confirmación oficial, no es fruto de una decisión espontánea, sino una obligación derivada de la Ley Electoral tras la renuncia de José Luis Espert. Sin embargo, esta maniobra revela cómo Milei, en su afán de construir su proyecto político, hoy se encuentra a depender de figuras que antes cuestionaba con dureza.

Y eso no es todo. En el pasado, Javier Milei no dudó en tildar a Santilli de “corrupto” y de mantenerse dispuesto a denunciarlo públicamente. A través de sus publicaciones en redes sociales, criticó duramente al actual candidato, caricaturizándolo como una marioneta de la casta y un representante de la “casta” que tanto denosta. En sus palabras, Santilli era “el candidato de los TikTok y el boludeo en una provincia gobernada por la inseguridad y los narcos”, un político que “vive de sus negocios” y del cual todo el mundo habla de su corrupción, pero que ahora, por arte de magia, parece ser una pieza imprescindible en la estructura de Milei para las próximas elecciones.

El cambio de postura de Milei resulta, cuanto menos, llamativo. En su discurso, siempre polémico y confrontador, dejó en claro que no confiaba en Santilli y en su gestión, incluso acusándolo de representar un tipo de política que —en sus propias palabras— podría llegar a ser aún más peligrosa que el comunismo, si es que hubieran llegado a gobernar. Pero hoy, esa misma figura que lo despreciaba públicamente, se convirtió en su aliada, en la cabeza de la lista en una de las provincias más importantes del país.

Este doble estándar revela mucho sobre la inconsistencia y la falta de principios claros en la actuación de Milei. La misma narrativa que utilizó para despreciar a Santilli parece haberse diluido por conveniencia, dejando en evidencia la política como un juego de cuotas y alianzas, más que una lucha ideológica coherente. ¿Hasta qué punto puede confiársele a un líder que cambió de discurso y de aliados con tanta facilidad, solo por mantener su proyecto en marcha?

Mientras tanto, en el escenario político, la dependencia de Milei de figuras que antes criticaba, y la evidencia de sus contradicciones, dejan en duda la consistencia y la honestidad de su discurso. La politiquería, en definitiva, parece ser la verdadera estrategia y no un compromiso genuino con los valores que tanto proclama.

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