En los últimos meses, la relación entre el expresidente Mauricio Macri y el actual presidente Javier Milei ha pasado de una alianza táctica a un enfrentamiento abierto, marcando una fractura significativa en el espacio de la derecha argentina. Lo que comenzó como un respaldo mutuo en 2023, cuando Macri apoyó la candidatura de Milei en el balotaje, se ha transformado en una guerra de acusaciones, pases de factura y maniobras políticas que complican el panorama electoral de cara a las legislativas de 2025. Este conflicto, centrado en disputas por poder, liderazgos y estrategias, revela las tensiones internas de un sector que busca consolidar su hegemonía frente al peronismo.
Origen del conflicto: una alianza frágil
La relación entre Macri y Milei siempre fue ambivalente. En 2022, ambos mantuvieron conversaciones reservadas para explorar una alianza electoral, pero las diferencias en sus estilos y objetivos fueron evidentes desde el inicio. Milei, con su discurso disruptivo y anti-casta, buscaba capitalizar el descontento social, mientras Macri, líder del PRO, apostaba por una derecha más institucional y estructurada. A pesar de estas divergencias, Macri brindó un apoyo clave a Milei tras la primera vuelta de 2023, consolidando su victoria frente a Sergio Massa. Sin embargo, la falta de acuerdos formales y la exclusión de dirigentes macristas en el gobierno libertario sentaron las bases del desencuentro.
El punto de inflexión llegó con la percepción de Macri de que Milei no correspondía su respaldo. Mientras el PRO aportaba votos clave en el Congreso para aprobar iniciativas como la Ley Bases, Milei y su entorno, liderado por Karina Milei y Santiago Caputo, cerraban las puertas a los macristas en el Ejecutivo. Esta tensión se agravó con la incorporación de Patricia Bullrich, exaliada de Macri, al gobierno de Milei como ministra de Seguridad, lo que generó una fractura interna en el PRO entre los leales a Macri y los “bullrichistas” alineados con La Libertad Avanza.
Ficha Limpia: el detonante
El rechazo del proyecto de ley “Ficha Limpia” en el Senado, que buscaba impedir que personas con condenas judiciales ocupen cargos públicos, fue el catalizador del enfrentamiento público. Macri acusó al gobierno de Milei de “defraudar a los argentinos” y de “destruir el valor de la palabra presidencial” por no garantizar el respaldo necesario para la aprobación del proyecto. En una entrevista radial, expresó su “infinita desilusión” y sugirió, sin confirmarlo, un posible pacto entre Milei y el kirchnerismo para proteger a Cristina Fernández de Kirchner.
Milei respondió con dureza, tildando a Macri de “mediocre” y citando la frase “el ladrón cree a todos de su misma condición”. En un posteo en X, respaldó acusaciones de que el gobierno de Cambiemos (2015-2019) garantizó la impunidad de Fernández de Kirchner, mientras que su administración permite el avance de las causas judiciales. Esta escalada de insultos y reproches, a pocos días de las elecciones legislativas en la Ciudad de Buenos Aires, evidenció que la disputa trasciende lo personal y se centra en el control del voto conservador.
La batalla por la Ciudad de Buenos Aires
La Ciudad de Buenos Aires, bastión histórico del PRO, se convirtió en el principal escenario de la pugna. Milei, consciente del valor simbólico de desafiar a Macri en su propio territorio, decidió competir contra el PRO en las elecciones legislativas locales del 18 de mayo de 2025. Esta decisión rompió la alianza tácita que había permitido al PRO mantener su hegemonía en la capital. Macri, por su parte, redobló sus críticas al entorno de Milei, especialmente a Karina Milei, a quien acusó de querer “fagocitar” al PRO.
El enfrentamiento se trasladó al plano económico cuando Macri criticó por primera vez el plan económico de Milei, señalando la inflación y los aumentos de precios en un video de campaña. Esta movida marcó el fin de una “tregua económica” que el macrismo había respetado hasta entonces. En respuesta, el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, acusó a Macri de “perder la compostura” por el temor a perder su reducto político.
Implicancias políticas y electorales
La ruptura entre Macri y Milei tiene consecuencias profundas para la derecha argentina. Por un lado, debilita la posibilidad de un frente unificado contra el peronismo, que, liderado por figuras como Leandro Santoro, ha ganado terreno en la Ciudad de Buenos Aires ante la fragmentación del voto conservador. Por otro lado, expone las divisiones internas del PRO, con un sector liderado por Bullrich que apuesta por una fusión con La Libertad Avanza y otro, fiel a Macri, que busca preservar la identidad del partido.
En la provincia de Buenos Aires, donde las elecciones de octubre serán clave, el futuro de una alianza entre el PRO y La Libertad Avanza está en duda. Mientras Milei abrió la puerta a un acuerdo nacional en enero de 2025, sus recientes cruces con Macri han enfriado las negociaciones. Analistas como Carlos Fara advierten que los resultados en la Ciudad podrían definir los términos de cualquier negociación: una victoria de La Libertad Avanza fortalecería la posición de Milei, mientras que un buen desempeño del PRO equilibraría la balanza.
Un trasfondo de poder y espionaje
El enfrentamiento también ha destapado acusaciones cruzadas que involucran maniobras oscuras. El caso del senador Edgardo Kueider, detenido en Paraguay con 211.000 dólares, fue interpretado por algunos sectores como un “carpetazo” del macrismo contra Milei, dado que Kueider votaba con el oficialismo. En el mundo de los espías, se señala a Macri y sus aliados, como la jueza Sandra Arroyo Salgado, como parte de una estrategia para presionar al gobierno. Del lado libertario, se acusa al PRO de oportunismo y de usar proyectos como Ficha Limpia para proscribir opositores.
Conclusión: un futuro incierto
El enfrentamiento entre Macri y Milei no solo refleja una lucha por el liderazgo de la derecha argentina, sino también una batalla por definir el rumbo ideológico y estratégico del espacio. Mientras Milei apuesta por un discurso radical y una base electoral leal, Macri busca mantener la relevancia del PRO como una fuerza institucional capaz de negociar y gobernar. La fragmentación resultante beneficia al peronismo y pone en riesgo la gobernabilidad, especialmente en un Congreso donde el oficialismo depende de alianzas para avanzar con sus reformas.
A días de las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires, la “guerra” entre ambos líderes está lejos de resolverse. Como señaló un diputado libertario, “Macri sabe administrar su capacidad de daño”. Sin embargo, el pragmatismo electoral podría forzar un acercamiento en los próximos meses, aunque probablemente en términos muy distintos a los que ambos imaginaban en 2023. Por ahora, la derecha argentina se encuentra en un punto de inflexión, con dos líderes que, lejos de complementarse, parecen decididos a anularse mutuamente.