La gestión libertaria sumó otro papelón. Humming Airways —la aerolínea que Javier Milei y Federico Sturzenegger mostraron como emblema de la “Argentina libre y desregulada”— suspendió la venta de vuelos a Olavarría, Tandil, Venado Tuerto y Villa María. Lo que el Gobierno anunciaba como el inicio de una nueva era terminó durando apenas semanas. Hoy solo quedan en pie tres rutas: Concordia, Paraná y Villa Gesell.
La caída del relato queda en evidencia cuando se repasa el propio posteo triunfalista que Sturzenegger publicó el 27 de diciembre de 2024, donde celebró la inauguración de las rutas ahora canceladas. En su mensaje, se mostraba eufórico:
“Una nueva línea comercial, 100% argentina, 100% privada, creada por un grupo de jóvenes emprendedores. ¡Es la desregulación del mercado aerocomercial hecha realidad! (…) Esperemos que sea un ejemplo de las posibilidades de otras conexiones aéreas en nuestro país”.

Ese posteo hoy funciona como un boomerang. Todo aquello que Sturzenegger enumeró como muestra del éxito libertario terminó siendo una lista de rutas fantasmas: Olavarría, Tandil, Villa María y Venado Tuerto quedaron fuera de operación incluso antes de que el Gobierno pudiera mostrar un solo indicador sostenido.
La propia empresa admitió que la demanda no acompañó. A pesar de haber tenido ocupaciones iniciales cercanas al 75% y de haber vendido aproximadamente el 60% de los paquetes que proyectaban para 2025, no hubo suficiente gente volando para sostener los servicios. Se trató de picos aislados, no de un mercado real y permanente. En otras palabras: el modelo libertario no generó más libertad ni más vuelos. Generó expectativas infladas que se desplomaron en semanas.
Lo más grave es que el Gobierno usó este experimento como prueba de su dogma económico. Milei y Sturzenegger repitieron que el Estado era el único problema, que la “competencia” iba a responder sola y que el interior se iba a llenar de conexiones nuevas. La evidencia concreta es la contraria: no hay política aerocomercial, no hay estudios serios de demanda, no hay sostenibilidad y no hay conectividad real para el interior.
Cuatro ciudades quedaron nuevamente aisladas, con usuarios que vuelven a depender de micros de larga distancia. Y todo mientras Sturzenegger posa en fotos con un avión que dejó de volar a las semanas y celebra rutas que nunca llegaron a consolidarse.
La gestión libertaria prometió “cielos abiertos”. El único vuelo que despegó fue el del marketing. Y ya se estrelló.