dólar y clima...

No está todo tan bien como dicen los medios afines; estamos muy mal y vamos peor

Por Romualdo de la Hoya

El dólar volvió a dispararse y dejó al descubierto las fragilidades del programa económico del gobierno de Javier Milei. Pese al discurso oficial de estabilidad y “normalización”, la realidad del mercado cambiario muestra una presión constante sobre el peso, una demanda creciente de divisas y un Banco Central con escaso margen de maniobra. La suba del dólar, lejos de ser un fenómeno pasajero, se traduce de manera directa en aumentos de precios, pérdida de poder adquisitivo y un clima de desconfianza que golpea tanto a los consumidores como a los sectores productivos.

En este contexto, el ministro de Economía, Luis Caputo, enfrenta uno de los momentos más delicados desde que asumió. En enero, el Estado nacional debe afrontar vencimientos de deuda por más de 4.200 millones de dólares, una cifra que pone en jaque el relato de orden fiscal y solvencia. Aunque el Gobierno asegura tener parte de esos fondos, lo cierto es que todavía no está claro de dónde saldrá el resto del dinero sin recurrir a más endeudamiento, ventas de activos o maniobras financieras de corto plazo. La preocupación en el mercado es evidente: pagar sin dólares genuinos implica seguir vaciando reservas o patear el problema hacia adelante.

La tensión cambiaria se agrava además por el incumplimiento de una de las promesas más repetidas por el Presidente. Milei había anunciado el fin del cepo cambiario para el 1 de enero, pero la realidad muestra que la liberación total nunca llegó. Si bien se flexibilizaron algunas restricciones, el sistema sigue lejos de un mercado cambiario verdaderamente libre. Persisten distorsiones, intervenciones encubiertas y un esquema que, en los hechos, continúa condicionando el acceso a los dólares y alimentando la especulación.

El contraste entre el discurso y los hechos erosiona la credibilidad del Gobierno. Mientras se insiste en que “el ajuste ya pasó” y que la economía se encamina a una recuperación, el dólar actúa como termómetro de una desconfianza que no cede. Los ahorristas buscan refugio, las empresas recalculan costos y los precios vuelven a ajustarse por las dudas, en una dinámica que recuerda a viejos ciclos de crisis.

Lejos de resolver los problemas estructurales, el plan económico parece sostenerse sobre expectativas frágiles y anuncios que no se concretan. Con una deuda que apremia, un dólar en alza y un cepo que sigue vigente bajo otro nombre, el Gobierno enfrenta un escenario cada vez más complejo, donde las promesas de campaña chocan de frente con una realidad económica que no perdona relatos.

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