dólar y clima...

No volaron: los salarios se estrellaron, la gente se empobrece y Milei sigue sin un plan económico

Por Romualdo de la Hoya

La promesa grandilocuente de Javier Milei —“los salarios en dólares van a volar”— terminó siendo otra pieza del marketing libertario que se deshace en la vida real. No volaron: se desplomaron al nivel más bajo de la región, y lo hicieron mientras el país se hunde en un cuadro de empobrecimiento acelerado y sin un programa económico consistente que marque un rumbo.

Lejos de la supuesta “prosperidad libertaria”, la Argentina de Milei es un país donde casi 20 mil empresas cerraron, donde se destruyeron 276 mil empleos, donde las prepagas caen en espiral o directamente quiebran, donde las familias financian el supermercado con tarjetas de crédito al límite, y donde la inflación, aunque desacelerada, convive con un derrumbe inédito del poder adquisitivo.

El Gobierno celebra una sobrevida del dólar y un equilibrio fiscal basado en licuar jubilaciones, ajustar salarios estatales y paralizar la obra pública, pero esa contabilidad fría ignora el dato más brutal: la sociedad se vuelve más pobre cada mes.

Hoy, el salario mínimo medido en dólares es el peor de Sudamérica. Peor que en 2001, un dato que debería encender todas las alarmas políticas, sociales y económicas. Pero en la narrativa oficial, la realidad siempre es un detalle menor frente al relato épico.

A eso se suma el colapso silencioso del sistema de salud privada. Las prepagas —liberadas a su suerte por decisión del Gobierno— aumentan, recortan coberturas o directamente no pueden sostener su estructura de costos. Miles de familias migran a hospitales púhttps://grupofonobus.com.ar/blicos ya saturados. Y mientras tanto, el Ministerio de Salud como tal directamente no existe.

El endeudamiento de las familias también se disparó. No por un boom de consumo, sino porque la gente se endeuda para comer. Los bancos registran niveles récord de financiamiento de gastos básicos con tarjetas, con tasas que en muchos casos devoran ingresos futuros.

El Gobierno insiste en que no hay un “plan económico” porque no hace falta: que el mercado “se ordena solo”. Pero lo que se ordena solo es el sufrimiento. Sin una hoja de ruta clara, Milei sostiene una economía montada sobre un experimento monetario que genera ganadores muy específicos —fondos, cuevas, traders y bancos— mientras la clase trabajadora, los jubilados y las pymes pagan el costo del laboratorio libertario.

Argentina vive una recesión profunda, con consumo pulverizado y sin señales de reactivación real. El ajuste, presentado como heroico, se volvió un mecanismo de expulsión social. Y el supuesto horizonte de estabilidad no aparece: sólo hay un Gobierno que administra el presente como si el futuro no importara.

La promesa era que los salarios iban a volar. La verdad es que los únicos que volaron fueron los ingresos, pero hacia abajo, y con ellos la calidad de vida de millones de argentinos.

Lo que falta no son discursos.
Lo que falta es un plan.
Y lo que sobra es un pueblo cada vez más empobrecido.

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