Javier Milei llegó a la Presidencia repitiendo hasta el cansancio una promesa que se convirtió en uno de los pilares de su campaña: el ajuste no lo iba a pagar la gente, sino “la casta política”. El video de archivo vuelve hoy para desnudar una contradicción difícil de disimular.
Mientras millones de jubilados cuentan cada peso para llegar a fin de mes, las dietas de los senadores nacionales escalaron hasta rondar los 13 millones de pesos, una cifra obscena cuando se la compara con los ingresos de quienes dependen de una jubilación mínima.
La distancia no es solamente económica. Es también política. Milei construyó buena parte de su identidad pública denunciando los privilegios de la dirigencia y asegurando que, bajo su gobierno, serían los políticos quienes soportarían el peso del ajuste. Pero la fotografía actual muestra algo muy diferente: la política mantiene remuneraciones millonarias mientras los sectores más vulnerables continúan perdiendo capacidad de compra.
La comparación con los jubilados resulta especialmente brutal. Mientras en el Senado se discuten remuneraciones medidas en millones, una jubilación mínima se mueve alrededor de los 400 mil pesos mensuales según el concepto que se tome para la comparación. La brecha representa decenas de jubilaciones para alcanzar el ingreso mensual de un senador.
Y allí aparece la pregunta que el Gobierno no puede resolver con discursos ni publicaciones en redes sociales: ¿dónde quedó aquella promesa de que el ajuste lo pagaría la casta?
Milei puede argumentar que el Senado determina sus propias dietas y que el Poder Ejecutivo no fija directamente los salarios de los legisladores. Institucionalmente, esa aclaración importa. Políticamente, sin embargo, no borra la contradicción entre el relato que lo llevó al poder y una Argentina donde los privilegios que prometió combatir siguen a la vista.
Porque el problema ya no es solamente cuánto cobra un senador. El problema es que mientras se exige austeridad, sacrificio y paciencia a jubilados, trabajadores y familias, la motosierra que debía avanzar sobre los privilegios parece haber encontrado límites justamente cuando llega a determinados sectores de la política.
El archivo es implacable. Milei prometió que esta vez el ajuste sería distinto. Que no recaería sobre los mismos de siempre. Hoy, frente a jubilaciones de alrededor de $400 mil y dietas senatoriales cercanas a $13 millones, aquella bandera anticasta corre el riesgo de convertirse en una de las contradicciones más evidentes de su propio Gobierno.