Un nuevo caso de asesor legislativo con graves antecedentes judiciales se conoció en Córdoba: se trata de Pedro Antonio del Rosario Pizarro, asignado al despacho del legislador Daniel Juez quien lo nombró en ese cargo durante su primer mandato como legislador, en mayo de 2016, y actualmente es empleado de planta permanente de la Legislatura, aunque en la oficina de Juez aseguran “no se lo ve” nunca.
De acuerdo a las fuentes, Pizarro cobra de la legislatura pero no asiste. Sí se lo registra en la sede partidaria del Frente Cívico de la calle mariano Benítez en barrio Providencia, ex domicilio familiar del senador Luis Juez. También es pastor de una iglesia evangélica de la zona de Villa Revol, sur de la ciudad de Córdoba y, de acuerdo a diversas fuentes desempeña tareas de astrología, espiritismo y asesor matrimonial
Pizarro tiene dos antecedentes penales que demuestran que también en esta caso no hubo controles y sí designaciones irregulares en la legislatura de Córdoba.
La primera causa contra Pizarro es del año 2002 por los delitos de coacción y amenazas contra una pareja de ese momento; la segunda es una denuncia por violencia familiar realizada por su esposa María del Rosario Moreno en el año 2024.
El primer antecedente data de antes de su designación en la legislatura y debió ir a juicio por esos delitos ante la Cámara 10º del Crimen. Pero por esas “cosas” de la Justicia Provincial, el juicio nunca se realizó y se dejó prescribir. Sin embargo, el registro del antecedente debió impedir el ingreso de Pizarro como asesor legislativo de Daniel Juez. Otra vez, por esas “cosas” que tiene la política eso no sucedió y Pizarro fue nombrado en el despacho de Juez.
La segunda causa es por Violencia Familiar y la denuncia se realizó en junio de 2024. La denunciante es la esposa de Pizarro, María del Rosario Moreno. En su denuncia Moreno señala que era la segunda denuncia por violencia que realizaba, y que en la anterior, la Justicia no “había hecho nada”. Dijo que estaba casada con Pizarro y que convivía con él en barrio Villa Revol a pesar de estar separados de hecho. También informó que tenían cuatro hijos en común.
“No quiero vivir más con él por la violencia física y verbal” aseguró la esposa en aquel momento. Relató que, en un episodio de furia, Pizarro le había gritado “puta, culiada, vieja culiada” y la había “ahorcado con sus propias manos”. Después “me empujó contra la pared de la cocina y cuando se dio cuenta de que ya no podía respirar, me soltó. Cuando me soltó, comencé a toser demasiado y él se retiró enojado del domicilio. Dicha situación me provocó demasiado dolor y durante los próximos 2 días tuve el cuello inflamado y rojo”.
Durante la declaración, Moreno dijo que Pizarro la humillaba en privado o públicamente, que ejercía sobre ella conductas de vigilancia constante o persecución y que existían celos excesivos y conductas destinadas a alejarla de familiares o amigos o impedirle trabajar.
En aquel momento Moreno realizó el pedido formal de exclusión del hogar, restricción y botón antipánico.
La mujer relató en su denuncia que Pizarro le había dicho que “estaba enamorado de su nueva pareja, Gloria Soledad”, a la que apodaban “Lumpa Lumpa”. Que esa mujer tenía 26 años de edad y que su marido le había asegurado que “quería vivir con ella y su hijo”, del que no tengo ningún dato. Se trata de un hijo de Pizarro con la nueva pareja que había nacido cuando él tenía 52 años y la madre 19, aunque mantenía relaciones con ella desde hacía más de cuatro años.
El relato de la ex esposa de Pizarro señala que su respuesta fue “que no lo iba a perdonar, que él estaba teniendo como una doble vida y que ya estaba cansada de la situación de violencia y, que si tanto la amaba que se vaya de mi casa y deje a mis hijos y a mí en paz. Tengo miedo por lo que vaya a suceder luego de la denuncia porque no sé cómo va a reaccionar, se va a enojar muchísimo y no sé de lo que es capaz. Solamente quiero que se retire de la casa por las buenas, porque si no va a ser peor después, quiero estar en paz”.
Finalmente la mujer señala que Pizarro le reclamó, a través de una abogada, el pago de un alquiler a ella y a su hijo que vivía en el terreno colindante a su casa en Villa Revol.
“Todo el terreno está a mi nombre y no voy a permitir de que eche a ninguno de mis hijos, que vaya y alquile en algún lugar como todos hacen, pero que no se iba a meter con nadie de mi familia”, fue la respuesta de la esposa. No obstante, Pizarro, pretendía seguir ocupando la casa familiar por lo que la esposa realizó la denuncia citada.
La situación llegó a ese punto de complejidad porque, según el entorno de la denunciante, Pizarro mantenía desde hacía mucho tiempo una relación con otra mujer con la que había tenido un hijo. Según aseguran esas fuentes ese vínculo se inició cuando la nueva pareja de Pizarro, siendo menor de edad, había acudido a buscar ayuda a la iglesia evangélica en la que Pizarro es pastor. Había llegado desde Aimogasta, provincia de La Rioja, con apenas 15 años y vivía en condiciones de precariedad en la zona de Arguello. Según militantes del Frente Cívico, en aquel momento Daniel Juez ordenó que lo alojaran en una habitación de la sede de la juventud y militancia partidaria en el centro de Córdoba, en La Rioja 880 y después logró que Pizarro ingresara a la Legislatura.
Su nombre aparece como uno de los cinco designados que prestan servicios en la oficina del legislador. El “negro” Pizarro o es muy conocido en el Frente Cívico y es parte del círculo íntimo de Luis y Daniel Juez. “No es una persona de confiar, es alguien que nunca nos cerró por ningún lado, pero tiene la ‘banca’ de los hermanos y de Walter Nostrala, que siempre le festejaron todo”, dijo un hombre cercano a los pasillos del Frente Cívico. Su oficio es pintor.


