EEUU le vende a Polonia por 1 dólar los mismos tanques Stryker que el exministro Luis Petri compró por 100 millones de dólares para la Argentina. La noticia, que pasó casi inadvertida en Washington pero generó un sacudón en ámbitos militares locales, vuelve a poner bajo la lupa una operación que ya había sido cuestionada por especialistas, oficiales retirados y parte de la oposición.
Los Stryker fueron adquiridos por el Gobierno en un paquete que incluía vehículos usados por el Ejército estadounidense en Afganistán e Irak. Son blindados que, si bien tuvieron un amplio despliegue, ya habían sido considerados material obsoleto para estándares de la OTAN y presentaban un desgaste significativo. La propia fuerza norteamericana comenzó hace tiempo un proceso de recambio. Ahora, esa misma línea de vehículos fue cedida a Polonia prácticamente sin costo: un dólar simbólico por unidad.

En Argentina, en cambio, la compra se cerró por aproximadamente 100 millones, pese a que en ese momento existía una alternativa más lógica para la región: los Guaraní brasileños, nuevos, más económicos de mantener y con posibilidad de fabricación conjunta. Brasil incluso había manifestado interés en cerrar un acuerdo industrial, lo que hubiera permitido crear trabajo local y bajar costos futuros. El Gobierno optó por los Stryker igualmente.
La comparación dejó expuesta una disparidad que vuelve a poner en discusión la planificación del reequipamiento militar argentino, caracterizado por compras aisladas, decisiones improvisadas y criterios poco transparentes. La revelación del precio al que accedió Polonia reavivó las críticas: ¿por qué Argentina pagó una cifra tan elevada por un material que Estados Unidos considera excedente, mientras que aliados estratégicos lo reciben prácticamente gratis?
La operación vuelve también a interpelar a quienes la defendieron como “una oportunidad única”. A la luz de los hechos, la oportunidad fue claramente para otro país. Para Argentina, en cambio, fue otro negocio opaco que sigue sin explicar por qué se eligió lo más caro, lo más usado y lo más desgastado —y, como se confirma ahora, lo más fácilmente transferible a precio simbólico cuando el receptor se llama Polonia.
Mientras tanto, las Fuerzas Armadas continúan trabajando con presupuestos comprimidos, salarios en niveles de pobreza y equipos cuya vida útil es limitada. El contraste entre las urgencias locales y las compras que despiertan más preguntas que respuestas no hace más que profundizar el malestar dentro de las filas castrenses y en el propio sistema político, donde ya se habla de pedir auditorías más exhaustivas sobre este tipo de operaciones.