Luis Juez recibió un cachetazo electoral de esos difíciles de disimular. En Marcos Juárez, una ciudad emblemática para el antiperonismo cordobés, el espacio respaldado por el senador y Pedro Dellarossa terminó sufriendo una derrota contundente: el candidato del PJ ganó por más de 27 puntos.
No hubo empate técnico, final cerrado ni resultado que permita buscar demasiadas excusas. Fueron más de 27 puntos. Una paliza electoral en un territorio donde Juez y sus aliados pretendían mostrar músculo político.
Y ahí está justamente el problema para el senador nacional.
Juez lleva años recorriendo estudios de televisión, radios y redes sociales presentándose como el gran jefe de la oposición cordobesa. Opina de todo, denuncia a todos y prácticamente no hay discusión provincial en la que no intente ocupar el centro de la escena. Pero cuando llega la hora de contar los votos, la televisión se apaga y aparecen las urnas.
Y en Marcos Juárez las urnas hablaron fuerte.
El golpe es todavía mayor porque no ocurrió en cualquier lugar. Marcos Juárez fue durante años una especie de vidriera política del antiperonismo cordobés. Allí se construyeron victorias que después fueron presentadas como anticipos de cambios políticos en toda la provincia. Esta vez ocurrió exactamente al revés: el peronismo entró en uno de esos territorios simbólicos y ganó por goleada.
También quedó seriamente golpeado Pedro Dellarossa. Su peso político y territorial hacía que esta fuera una elección especialmente importante para el espacio. Sin embargo, ni su estructura ni el respaldo de Juez alcanzaron para evitar una diferencia demoledora.
Para Juez queda además una pregunta bastante incómoda: ¿cuánto territorio real existe detrás de tanta exposición mediática?
Porque una cosa es juntar minutos de televisión, titulares y publicaciones en redes sociales. Otra bastante diferente es juntar votos.
Juez pretende nuevamente jugar fuerte en la Córdoba que viene y posicionarse de cara a 2027. Está en todo su derecho. Pero antes deberá explicar cómo un dirigente que busca mostrarse como conductor de una alternativa provincial termina recibiendo semejante paliza electoral justamente en uno de los lugares donde su espacio debía hacerse fuerte.
El resultado de Marcos Juárez tampoco define por sí solo una elección provincial futura. Sería absurdo afirmarlo. Pero sí destruye cualquier intento de vender una supuesta marcha triunfal del juecismo por Córdoba.
Porque esta vez no alcanzaron los discursos, las cámaras ni las declaraciones altisonantes. Hubo que abrir las urnas. Y cuando las abrieron, el resultado fue brutal: más de 27 puntos de diferencia a favor del PJ.
Para un dirigente que lleva años diciendo que está preparado para gobernar Córdoba, Marcos Juárez dejó una postal bastante menos grandiosa:
Juez habla como candidato a gobernador, pero en las urnas su armado acaba de comerse una paliza.