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Plan platita de Milei: más dinero para organizaciones sociales para evitar conflictos

Mientras los salarios formales y las jubilaciones siguieron perdiendo contra la inflación, la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar fueron las únicas transferencias estatales que crecieron en términos reales durante los dos primeros años de gobierno de Javier Milei. Ese dato, que puede parecer técnico, contiene el corazón del modelo libertario y ayuda a explicar por qué, pese a un ajuste de magnitud inédita, no hubo estallidos sociales.

En contra del relato del “fin de los planes”, la ayuda directa a los sectores más pobres resultó ser la única partida social que aumentó de manera sostenida en la gestión Milei, tanto en cantidad de beneficiarios como en poder adquisitivo. El punto más bajo del ingreso real de la AUH fue en 2023, el último año de Alberto Fernández, un dato nada menor para entender la derrota electoral del peronismo.

A diciembre de 2025, la AUH alcanza a 4.114.513 titulares, incluidos 93.453 casos por discapacidad, mientras que la Tarjeta Alimentar llega a 2.546.130 familias y cubre a más de 4,5 millones de niños. Más de seis millones de prestaciones en total, un récord que revela el proceso de latinoamericanización del sistema social argentino, que se aleja cada vez más de aquel país de clase media extendida que existió hasta los años setenta.

Los informes sobre la evolución real del ingreso muestran que la AUH y Alimentar fueron los únicos programas que corrieron por encima de la inflación de manera consistente, a diferencia del salario mínimo, que se derrumbó mes tras mes y hoy cubre sólo una fracción de la Canasta Básica Total. Lo mismo ocurrió con las jubilaciones, que profundizaron su pérdida de poder adquisitivo tras el fin de la fórmula de movilidad.

La combinación de estas tendencias permite entender un dato político central de la mitad de la gestión libertaria: no hubo conflicto social masivo. Lejos de eliminar la asistencia, Milei ejecutó dos movimientos simultáneos. Por un lado, desplazó a las organizaciones piqueteras de la intermediación. Por el otro, reforzó las transferencias directas y amplió la cobertura de los programas más básicos.

El crecimiento de los planes sociales no empezó con Milei, pero sí se profundizó en su gobierno. Cristina Kirchner dejó el poder con 250 mil programas; Mauricio Macri los llevó a casi un millón y medio; Alberto Fernández y la pandemia los elevaron a cuatro millones; y Milei los expandió aún más, pese a que la emergencia sanitaria terminó hace años.

La promesa del “fin de los planes” contrasta con una realidad contundente: la asistencia social directa se convirtió en el único ingreso estatal que crece en la Argentina del ajuste. En esa contradicción, o en esa coherencia estratégica, se encuentra el núcleo del modelo Milei y la explicación más probable de por qué el país evitó hasta ahora un estallido social.

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