En una jornada marcada por la cautela y el malhumor del mercado, los bonos en pesos volvieron a retroceder este jueves. Las señales que esperaban los operadores —principalmente el fin de las bandas cambiarias y una recuperación más firme de las reservas— no llegaron, y dos datos puntuales terminaron de empujar la corrección.
El primero fue la inflación: aceleró nuevamente y encendió alarmas sobre la capacidad del Gobierno para sostener el esquema monetario sin ajustes adicionales. El segundo, una licitación de deuda que, a primera vista, parecía haber logrado rollear todo lo que vencía, pero cuyo detalle dejó dudas importantes. Según operadores y analistas, la composición de los instrumentos adjudicados y los niveles de tasa implicaron un esfuerzo mayor al que el Ministerio pretendía admitir, abriendo interrogantes sobre la sostenibilidad del financiamiento en moneda local.

En ese contexto, los títulos en pesos ajustables y los bonos atados a la inflación reaccionaron con bajas generalizadas, reflejo de un mercado que empieza a exigir definiciones más claras sobre el rumbo cambiario y el programa fiscal.
El Gobierno, mientras tanto, se aferra al discurso de que el proceso de “ordenamiento” sigue en marcha. Pero en la City la lectura fue otra: sin señales contundentes sobre el tipo de cambio y con la inflación otra vez en ascenso, los inversores optaron por desarmar posiciones y esperar. El resultado fue un jueves con tensión financiera, caída en los precios y más preguntas que respuestas.