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Pueblada en La Calera: vecinos estallan contra Rambaldi tras la destrucción de una cancha de fútbol

La mañana en La Calera comenzó con una escena que nadie en Barrio Mataderos imaginaba. Lo que debía ser un campeonato de fútbol solidario para ayudar a familias del barrio terminó convirtiéndose en una protesta masiva contra el intendente Fernando Rambaldi, a quien los vecinos ya acusan abiertamente de haber cometido un acto de brutalidad e inhumanidad.

Según relataron los propios vecinos, mientras preparaban la cancha para el torneo benéfico aparecieron móviles municipales acompañados por efectivos policiales. Sin mediar diálogo ni advertencia, una pala mecánica avanzó sobre el predio y comenzó a destruir la cancha de fútbol que desde hace más de cuatro décadas funciona como el corazón social del barrio. En cuestión de minutos, el espacio que durante 40 años fue escenario de campeonatos, encuentros familiares y actividades solidarias quedó reducido a tierra removida.

La reacción fue inmediata. Indignados, los vecinos cortaron la Ruta Provincial E-64, en el acceso al barrio, y luego marcharon hacia la Municipalidad. Allí se vivieron momentos de máxima tensión frente al edificio comunal, custodiado por un fuerte operativo policial.

Pero lejos de intentar descomprimir el conflicto, el propio Rambaldi decidió echar más nafta al fuego. En distintos grupos de redes sociales, el intendente aseguró que los disturbios habían sido provocados por “narcotraficantes y militantes peronistas” vinculados a la familia Rufeil, y justificó la destrucción del predio diciendo que el municipio actuó para evitar la venta de droga y alcohol.

Las palabras del jefe comunal no hicieron más que aumentar la bronca en el barrio. Para los vecinos, se trata de una acusación tan grave como irresponsable. Muchos interpretaron las declaraciones como un intento desesperado de criminalizar a la propia comunidad para justificar una decisión arbitraria y brutal.

El problema es que la cancha no era un terreno abandonado ni un punto oscuro de la ciudad. Todo lo contrario: era un espacio comunitario sostenido durante décadas por los propios vecinos, que se organizaban para mantenerla, limpiarla y utilizarla para actividades deportivas y solidarias. Destruirla sin aviso ni diálogo no solo fue un atropello administrativo, sino también un golpe directo a la identidad barrial.

La indignación crece todavía más porque el episodio ocurre en un contexto de fuertes críticas a la gestión municipal. En las últimas semanas la ciudad sufrió restricciones en el suministro de agua por la falta de pago del canon correspondiente, un problema que generó enorme malestar entre los vecinos. Mientras la administración municipal acumula deudas y problemas de gestión, la respuesta del intendente parece ser arrasar con espacios comunitarios y acusar a los propios ciudadanos.

Muchos en La Calera ya hablan de una decisión tan innecesaria como cruel. Para los vecinos de Barrio Mataderos, lo ocurrido no fue un simple operativo municipal: fue un acto de insensibilidad absoluta. En lugar de escuchar, dialogar o buscar soluciones, la gestión de Rambaldi eligió la pala mecánica y la estigmatización.

En un barrio donde la cancha era mucho más que un rectángulo de tierra, la sensación es que el intendente cruzó un límite. Porque cuando un gobierno destruye un espacio comunitario de 40 años sin siquiera mirar a los vecinos a la cara, deja de ser una decisión administrativa y pasa a ser, directamente, un gesto inhumano.

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