El anuncio de Estados Unidos sobre la adopción de medidas directas contra Venezuela y su intención de conducir el proceso de transición política tras la caída del gobierno de Nicolás Maduro provocó una inmediata reacción en la comunidad internacional. El mapa de apoyos y rechazos volvió a exhibir una fuerte división geopolítica entre aliados de Washington y países que denunciaron una violación a la soberanía venezolana.
Entre los países que respaldaron de manera explícita la postura de Estados Unidos se ubicaron sus principales aliados históricos. El Reino Unido, Canadá y Australia emitieron comunicados en los que señalaron la necesidad de “restablecer la democracia” en Venezuela y avalaron las acciones orientadas a garantizar elecciones libres. En la misma línea se expresaron gobiernos de Europa del Este, como Polonia y República Checa, que desde hace años mantienen una posición dura contra el chavismo.
En América Latina, el apoyo llegó principalmente desde gobiernos alineados políticamente con Washington. El presidente de Argentina, Javier Milei, reiteró su condena al régimen venezolano y celebró el rol de Estados Unidos en lo que definió como “el fin de una dictadura”. También manifestaron su respaldo Ecuador, Paraguay y El Salvador, cuyos gobiernos consideraron que las medidas apuntan a restablecer el orden institucional y los derechos humanos en el país caribeño.
Por el contrario, un amplio grupo de países rechazó las acciones norteamericanas y cuestionó cualquier intento de tutela externa sobre Venezuela. México, Brasil, Colombia y Chile coincidieron en advertir que, aun reconociendo la crisis política y humanitaria, ninguna solución puede surgir de una intervención extranjera. Desde esos gobiernos reclamaron una salida negociada y con participación de organismos regionales.
Cuba, Nicaragua, Bolivia y Honduras expresaron un rechazo frontal y denunciaron lo que calificaron como una “ocupación encubierta” y un “acto de imperialismo”. En el mismo sentido se pronunciaron Rusia, China e Irán, que alertaron sobre el precedente que podría sentar una intervención directa de Estados Unidos en un país soberano y reclamaron una reunión urgente en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Desde organismos internacionales, la ONU y la OEA evitaron respaldos explícitos. Mientras Naciones Unidas llamó a la moderación y al respeto del derecho internacional, la OEA mostró una vez más posiciones divididas entre los países que celebran el fin del chavismo y aquellos que rechazan cualquier salida de fuerza.
El escenario deja en evidencia una nueva fractura global en torno a Venezuela: mientras un bloque de países avala el liderazgo de Estados Unidos como garante de la transición, otro sector advierte que las medidas adoptadas pueden profundizar la inestabilidad regional y vulnerar principios básicos del orden internacional.

