dólar y clima...

Rumores ante un Caputo que es más broker que ministro

El mercado argentino volvió a bailar al ritmo de los rumores, y no precisamente porque exista un plan económico sólido que marque el compás. En un martes de murmullos y teléfonos calientes, las mesas financieras operaron como si el ministro fuera lo que muchos ya dan por descontado: un operador de bolsa sentado en el sillón más sensible del país, más atento al “spread” que a la macro, más broker que ministro.

El dólar respondió en consecuencia: subió lo justo y necesario para recordarle al Gobierno que la confianza no se construye con épica libertaria ni con conferencias motivacionales, sino con resultados, reservas y reglas claras. Y ahí está el verdadero problema: el Banco Central insiste en mostrar músculo con compras simbólicas mientras las reservas netas siguen en un rojo que da vergüenza ajena. Sumaron algo, sí, pero nadie en la City compra el discurso del “rumbo firme” cuando el mapa monetario es un incendio controlado con bidones de nafta al costado.

Los bonos, por su parte, ensayaron un rebote mínimo, casi tímido, como si los traders dijeran “bueno, subimos porque no podemos caer todos los días”. El riesgo país aflojó un suspiro, apenas, pero sigue estancado en niveles que no permiten soñar ni con deuda barata ni con crédito genuino. Las acciones argentinas, mientras tanto, reflejaron el clima real: bajas en Buenos Aires, dudas en Nueva York y la certeza de que no hay un driver positivo mientras el Gobierno juega a la ruleta reformista sin mayorías legislativas ni calendario político a favor.

En los pasillos financieros se repite la misma frase: “Esto con un ministro de verdad no pasaría”. No es casual. La sensación de improvisación pesa más que cualquier plan que el oficialismo intente vender. Y aunque Caputo se esfuerza por mostrarse como el arquitecto de una salida virtuosa, lo que ve el mercado es otra cosa: parches, comunicación de emergencia y un gabinete que parece más preocupado por blindar narrativas que por dar señales macroeconómicas consistentes.

Los rumores, para colmo, no vienen solos: hojas de Excel que circulan off the record, versiones de un ajuste adicional que nadie se anima a confirmar y la sensación creciente de que el programa económico navega sin ancla, con un presidente obsesionado por la épica y un ministro obsesionado por el monitor de Bloomberg.

Qué se dice, qué se espera y qué puede venir: eso hoy no lo define el plan del Gobierno, sino la capacidad del mercado de tolerar el experimento. Y la paciencia, como las reservas, no es infinita.

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