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Tensión en el INDEC: Caputo anticipa una inflación estable en enero y defiende la postergación de la nueva fórmula

Tras la renuncia de Marco Lavagna, el ministro de Economía buscó llevar calma a los mercados asegurando que el índice de enero estará en línea con el de diciembre. El Gobierno priorizó evitar un salto estadístico en medio del ajuste de tarifas.

Por Redacción Economía

En medio de la incertidumbre generada por la salida de Marco Lavagna del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el ministro de Economía, Luis Caputo, rompió el silencio para marcar la cancha. Su mensaje tuvo un doble objetivo: ratificar el sendero de desinflación y justificar la decisión política de frenar la actualización metodológica del IPC que detonó la crisis en el organismo.

Según adelantó el titular del Palacio de Hacienda, la inflación de enero se ubicará en niveles «similares a los de diciembre», mes que cerró con un alza en torno al 2,5%. «No hay razones para esperar un rebote inflacionario; el proceso de convergencia sigue su curso», afirmaron fuentes cercanas al ministerio, buscando disipar los temores de que la salida de Lavagna implique un retorno a la manipulación de datos.

La «guerra de las fórmulas»

El conflicto que terminó con la gestión de Lavagna no fue por los números actuales, sino por cómo medir los futuros. El exdirector del INDEC pugnaba por lanzar en enero el nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC), basado en la Encuesta de Gastos de los Hogares de 2017/2018.

La metodología actual (vigente desde 2016 pero basada en una canasta de 2004) ha quedado vetusta: otorga un peso excesivo a alimentos y bebidas y subestima el impacto de los servicios públicos, que hace 20 años tenían tarifas congeladas y pesaban poco en el bolsillo de la gente.

El nudo del conflicto: La nueva fórmula que impulsaba Lavagna otorga mayor ponderación a la luz, el gas y el transporte. Si se aplicaba en enero —mes de fuertes ajustes tarifarios—, la inflación habría dado un salto estadístico, ubicándose por encima del 3,5%, complicando la narrativa oficial de «inflación a la baja».

Pragmatismo sobre tecnicismo

La decisión de Caputo y del presidente Javier Milei fue pragmática: «No es momento de cambiar el termómetro cuando el paciente todavía tiene fiebre y estamos ajustando la medicación», graficaron desde la Casa Rosada.

El Gobierno considera que implementar el cambio ahora introduciría «ruido innecesario» en las expectativas. Al mantener la fórmula vieja (donde las tarifas pesan menos), el impacto del aumento de los servicios se licúa, permitiendo mostrar un índice general más bajo.

El desafío de la credibilidad

Para reemplazar a Lavagna, el Gobierno designó a Pedro Lines, quien se desempeñaba como director técnico del instituto. La elección de un hombre «de la casa» busca enviar una señal de continuidad técnica y diferenciar esta etapa de las intervenciones violentas del pasado kirchnerista.

Sin embargo, el mercado tomó nota. Si bien nadie acusa al Gobierno de «dibujar» los números a mano alzada, la postergación del cambio metodológico es leída como una maniobra para elegir la realidad estadística que mejor se acomoda al programa político.

Por ahora, la estrategia oficial es ganar tiempo: esperar a que el ciclo de ajuste de tarifas relativas termine para, recién ahí, actualizar la forma en que se mide el costo de vida de los argentinos. Mientras tanto, enero traerá un alivio en los titulares, aunque el bolsillo sienta una realidad diferente en las boletas de servicios.

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