No es necesario pasar por Harvard para saber que toda regla tiene su excepción. El presidente Javier Milei repitió hasta el cansancio que su llegada a la Casa Rosada era una sentencia de «muerte» para la casta política. La promesa le sumó muchos votos de una sociedad cansada de ver siempre a los mismos actores subidos a la calesita del poder y con la sortija en la mano.
A poco más de un año del desembarco de Milei en Balcarce 50 podemos afirmar que aquella definición y promesa de perseguir a la casta es una verdad a medias o se trata de uno de los capítulos del relato que con habilidad construyó el presidente para desalojar a Alberto Fernández de Olivos.
Así como los Kirchneristas entretuvieron durante 20 años a los sectores de izquierda con el relato de reivindicación de los 70, Milei encontró en el argumento anticasta el hilo conductor de su propio relato.
Y vaya si le dió resultados.
Pero el discurso y el relato siempre presenta, inevitablemente, alguna fisura. Solo hay que saber observar y no ser ingenuo.
Milei confió y entregó el Banco de la Nación Argentina, a Daniel Tillard, un hombre cuyo ADN remite a lo más rancio de la casta.
Quién es Daniel Tillard
El cordobés Daniel Tillard tuvo su debut en la casta en su juventud como «abeja obrera» en el equipo de Domingo Cavallo cuando el presidente era Carlos Menem. Desde ahí construyó su camino por el poder demostrando ser poseedor de una colección de principios todoterreno adaptables a todos los gobiernos que se sucedieron desde los 90 en la Argentina.
Desde sus inicios en el equipo de Cavallo privatizando y cerrando empresas públicas a la velocidad de un rayo a integrar el directorio del Banco Provincia de Buenos Aires bajo la atenta mirada del kirchnerismo en pleno apogeo de Néstor y Cristina. La antigua vocación privatizadora dio paso a la furia estatista y se puso al servicio del régimen de ese momento.
Previo a su paso por el Bapro, en los convulsionados años 2000 Tillard participó de una experiencia en el malogrado Mercobank que condujo entonces Horacio Liendo, el segundo de Cavallo en Economía durante el ciclo de Menem.
De su paso por el Mercobank le quedó a Tillard una mancha que ningún banquero quiere para su legajo. Como gerente de Riesgo de esa entidad fue sumariado por el Banco Central de la República Argentina. Junto al resto de la conducción de la entidad fue condenado por no cumplir con las relaciones técnicas que regían entonces a la hora de otorgar créditos a un solo grupo económico.
El caso era tan escandaloso e involucró a muchos miembros de la casta que dice perseguir el actual presidente. El expediente con el sumario a Liendo y Tillard, entre otros, era tan explosivo que se terminó de cerrar 14 años después.
Recién el 31 de agosto de 2014, el entonces Superintendente de Entidades Financiera del Banco Central, Germán Feldman, emitió la Resolución 690 cerrando aquel escándalo del que pocos se acuerdan. El funcionario decidió que todos los pecados cometidos por Liendo, Tillard y el resto de la conduccióndel Mercobank era redimible por multa. Liendo, por ser el presidente de la entidad además de una multa de más de 7 millones de pesos fue inhabilitado para ejercer cargos por un año y medio. Tillard, que por entonces estaba a cuatro meses de asumir en el Banco de Córdoba fue sancionado con una multa de casi un millón y medio de pesos y como en un outlet le hicieron precio y a diferencia de Liendo no fue inhabilitado.
El cierre de los ocho años de Tillard al frente del Banco de Córdoba no fue muy distinto al de Mercobank. Hace ya algunos meses que conduce el Banco Nación pero en Córdoba aún retumba el escandaloso caso del financiamiento al pool de siembra La Redención S.A cuya cara visible es Marcos Rodrigué, ex intendente vecinalista de Inriville.
Nadie puertas adentro del Banco de Córdoba se explica cómo Tillard convalidó una estrategia de financiamiento tan generosa que dejó casi 5 mil millones de pesos en categoría de irrecuperables para el banco de todos los cordobeses. El Córdoba es, lejos, el banco que encabeza la lista de entidades a las que Rodrigué logró convencer que financiar a su pool era un buen negocio. La capacidad del empresario para convencer a banqueros no terminó en San Jerónimo 166, sede del Córdoba. El raid crediticio de Rodrigué incluyó a otros siete bancos, entre los cuales también está el Banco de la Nación a los que La Redención les debe casi 2.600 millones de pesos.
Como dice el refrán que no solo se repite en el campo: “la culpa no la tiene el chancho, sino el que le da de comer”.
Hasta el momento no hay confirmaciones oficiales pero fuentes vinculadas al Banco Central admitieron que hay presiones para que la Superintendencia de Entidades Financieras del Banco Central siga haciendo la vista gorda y no abra un nuevo sumario al ahora presidente del Banco de la Nación.
Los críticos de Tillard sostienen que Milei no puede quedar pegado a la imagen de un hombre que destiñe. Quienes lo defienden apuestan a lograr un blindaje mediático como el que Tillard tenía en Córdoba con un hermano instalado en las oficinas mediterráneas del Grupo Clarin garantizando silencio total mientras La Redención SA se llevaba del Córdoba 5 mil millones de pesos.
La solución a la que apeló Rodrigué está prevista en las leyes argentinas. La Redención SA se declaró en convocatoria y mandó a todos los bancos a la fila a esperar que llegue el día del arquero para cobrar.
Mientras tanto, la vocación de Rodrigué por seguir sembrando soja con plata prestada no se detiene. Antes de que La Redención SA fuera declarada en convocatoria de acreedores se asoció a sus hijos y creo OPIS SAS, un nuevo grupo con el mismo hambre crediticio que el anterior. Y ya salió a convencer banqueros. Hasta ahora no le fue tan mal. Un par de banqueros que siguen esperando que La Redención SA les pague lo que le debe ya le otorgaron a OPIS SAS, empresa que preside el hijo de Marcos Rodrigué que se llama igual al padre, 91 millones de pesos. Nada mal para el arranque y los antecedentes. Como la esperanza es lo último que se pierde Rodrigué ya abrió cuenta en el Nación a nombre de OPIS SAS. Con un poco de suerte el presidente de ese banco volverá a confiar en la solidez de la empresa de los Rodrigué que no abandonan su pasión de sembrar todo al fiado.
