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Un diputado libertario se quejó de los subsidios a los deportistas y le recordaron que en los 90 vivió en el CENARD porque no tenía plata para bancarse como tenista

Diego Hartfield quiso explicarles a los clubes argentinos por qué deben acostumbrarse a recibir menos ayuda del Estado. El problema es que al diputado libertario se le apareció un rival bastante más difícil que Federer: su propio pasado.

Durante la Comisión de Deportes, Hartfield defendió la política de ajuste y sostuvo que mantener las cuentas públicas ordenadas tiene “costos”. Pero desde la oposición le recordaron un pequeño detalle que dinamita buena parte de su discurso: él mismo pudo instalarse en Buenos Aires gracias a una beca y vivió durante dos años en el CeNARD mientras intentaba construir su carrera como tenista.

Es decir: cuando Hartfield necesitó del Estado para perseguir su sueño deportivo, el Estado estuvo. Ahora que ocupa una banca en el Congreso, cobra como diputado y ya no necesita aquella ayuda, descubre que asistir al deporte tiene “costos”.

La contradicción es brutal.

Y su carrera deportiva tampoco fue la de un campeón ATP. Hartfield llegó a ser número 73 del mundo, una posición indudablemente meritoria, pero jamás ganó un título del circuito ATP. Su récord allí fue de 18 partidos ganados y 28 perdidos. Sí consiguió títulos Challenger y Futures y llegó a disputar Roland Garros contra Roger Federer.

La ATP registra que a lo largo de toda su carrera obtuvo US$571.141 en premios, mientras que sólo durante 2007, su mejor temporada, embolsó US$262.420.

Pero antes de esos dólares, antes del ranking 73 y antes de pisar la cancha central de Roland Garros, estuvo el CeNARD.

Y estuvo el Estado.

Hartfield llegó desde Misiones a Buenos Aires siendo adolescente y consiguió una beca que le permitió vivir dos años dentro del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo. Esa estructura pública le permitió entrenarse lejos de su familia y apostar por convertirse en profesional.

Hoy parece haber olvidado quién ayudó a sostener aquel sueño.

La ironía se vuelve todavía mayor cuando se mira su presente legislativo. Hartfield asumió como diputado nacional el 10 de diciembre de 2025. La página oficial de Diputados registra hasta ahora 17 expedientes en los que aparece como firmante. De todos ellos, apenas uno figura como proyecto de ley: una iniciativa sobre acceso prioritario a sanitarios para personas con urgencias médicas, firmada además junto con numerosos diputados.

El resto de su producción registrada está compuesto por declaraciones y resoluciones: beneplácitos, reconocimientos, repudios, pedidos de informes y declaraciones de interés.

Y desde esa banca Hartfield decidió explicarle a los clubes que la plata pública tiene límites.

El mismo hombre que pudo vivir dos años en una institución financiada por el Estado para intentar convertirse en tenista profesional ahora levanta el dedo frente a quienes reclaman asistencia para sostener clubes y deportistas.

El problema de Hartfield no parece ser que el Estado ayude. El problema aparece cuando la ayuda es para otro.

Porque para él hubo CeNARD, alojamiento, estructura deportiva pública y una oportunidad.

Para los que vienen detrás, ajuste.

Hartfield quiso hablar de austeridad y terminó protagonizando una clase magistral de memoria selectiva: cuando necesitó al Estado, fue una beca; cuando lo necesitan los demás, parece ser un gasto.

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