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Una camporista comandará la campaña de La Libertad Avanza en el país

En un giro que parece sacado de una novela política, Javier Milei ha decidido que Pilar Ramírez, una figura con raíces profundas en el kirchnerismo y La Cámpora, tome las riendas de la campaña nacional de La Libertad Avanza (LLA). El anuncio, hecho este jueves en una cumbre en la Quinta de Olivos con más de 70 candidatos y referentes libertarios, reemplaza a Lule Menem en el rol de coordinadora nacional y desata un vendaval de críticas internas y externas. ¿Pragmatismo desesperado o infiltración encubierta? En medio de una economía tambaleante –con el BCRA vendiendo US$379 millones para frenar al dólar–, el Gobierno opta por una estratega que conoce los entresijos del «enemigo» como nadie.

Ramírez, jefa del bloque libertario en la Legislatura porteña y fiel aliada de Karina Milei, asumió como gerente de Publicidad y Marketing de Aerolíneas Argentinas en 2008, bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Allí forjó lazos estrechos con Mariano Recalde, el camporista que presidió la aerolínea hasta 2015 y que hoy lidera batallas contra el macrismo en la Justicia. Fuentes del peronismo no tardaron en reaccionar: «Es una camporista reconvertida que ahora lava la imagen violeta», ironizó un dirigente de Unión por la Patria, recordando que Ramírez militó en espacios cercanos a La Cámpora antes de su salto al oficialismo. Su rol en LLA, que incluye la coordinación provincial y la «armonización» de la mesa chica –dominada por el consultor Santiago Caputo y los Menem–, busca unificar un espacio fracturado por internas y derrotas en las PASO bonaerenses.

El contexto no podría ser más hostil para Milei. Con vetos presidenciales rechazados en el Congreso, un «bombardeo opositor» que el Gobierno denuncia como sabotaje y encuestas que muestran un retroceso en la intención de voto, la campaña de octubre se nacionalizará bajo el eslogan «La Libertad Avanza o Argentina retrocede». El Presidente, junto a Caputo, transmitió en Olivos la consigna de «agitar el fantasma kuka» y valorar el «esfuerzo de los argentinos». Pero empoderar a Ramírez –quien ya había sido el «fantasma» de Lule Menem en la estructura previa– genera desconfianza. ¿Por qué poner al frente a alguien que sabe cómo funciona la maquinaria peronista desde adentro? Críticos internos, como los territoriales que ganaron en la Quinta y Sexta Sección bonaerense, murmuran sobre «cerrazón pretoriana» y favoritismos de Karina Milei hacia sus cercanos.

Este movimiento no es solo táctico: es un síntoma de la vulnerabilidad libertaria. Tras el tsunami opositor en Buenos Aires –donde LLA perdió por amplio margen en varias secciones–, el Gobierno necesita urgentemente votos en las legislativas del 7 de octubre para apuntalar su minoría en el Congreso. Ramírez, con su experiencia en marketing político y conocimiento de las redes kirchneristas, podría ser la llave para captar indecisos o neutralizar ataques. Sin embargo, el riesgo es alto: opositores como Máximo Kirchner ya la usan para deslegitimar a Milei, y hasta en el PRO –aliado en algunos distritos– hay ceños fruncidos. «Es como poner a un ex del Barcelona a dirigir al Real Madrid: gana conocimiento, pero pierde pureza», comparó un analista.

La designación de Ramírez reordena el poder en LLA: Milei como «gran elector», Karina como presidenta del partido, Caputo como gurú y ella como ejecutora en las provincias. Si funciona, podría revertir la marea; si no, profundizará las grietas. En un país polarizado, donde el kirchnerismo acecha y la economía aprieta, apostar por una «camporista arrepentida» es un gamble audaz. Milei, que prometió desmantelar el Estado, ahora integra a su verdugo histórico. La campaña arranca con paradojas: la libertad avanza, pero con acento camporista. Veremos si el violeta resiste el tinte celeste y blanco.

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