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Veinte Boeing 737 hidrantes o un puñado de F-16: la prioridad absurda del Gobierno nacional

Por Romualdo de la Hoya

El Gobierno nacional volvió a demostrar que, a la hora de administrar recursos escasos, su brújula apunta siempre al mismo lugar: el marketing bélico, la épica de ocasión y el show político. Mientras el país enfrenta incendios forestales cada vez más graves, mientras provincias enteras dependen de brigadistas que trabajan con las uñas, y mientras Argentina solo cuenta con un avión hidrante —que ni siquiera es de la Nación, sino del gobierno de Santiago del Estero—, el Presidente decidió gastar USD 300 millones en un lote de aviones de combate F-16.

Sí, USD 300 millones.

El equivalente a 20 aviones hidrantes Boeing 737, la herramienta más efectiva del mundo para combatir incendios a gran escala.

Pero claro: apagar incendios no da épica libertaria, no sirve para posar con casco militar ni para alimentar el cosplay de comandante en redes sociales.

Una Argentina que mira al cielo mientras abajo se quema todo

Mientras miles de hectáreas se pierden todos los años, mientras el humo invade ciudades completas y mientras las provincias ruegan asistencia, la Nación responde con un parque aéreo extinguido, con un solo avión hidrante que ni siquiera le pertenece. Y no por falta de recursos: por falta de prioridades.

En vez de equipar al país para enfrentar un problema real —cada vez más frecuente y más devastador— el Gobierno prefiere gastar cientos de millones en F-16 usados, comprados con la excusa de “modernizar la defensa”. Una modernización que no resuelve ninguna urgencia y que, casualmente, brinda más rédito político que operativo.

Un país desprotegido por decisión, no por necesidad

El contraste es brutal:

  • 1 solo avión hidrante en todo el país
  • 20 aviones hidrantes podrían haberse comprado
  • 300 millones de dólares gastados en aviones de guerra

La matemática no miente. Las prioridades del Gobierno, tampoco.

En un país que vive con incendios estivales como rutina, donde los brigadistas piden equipamiento básico y las provincias improvisan para defender sus bosques, resulta casi obsceno que la Nación se dé el lujo de gastar cifras siderales en una flota militar que no va a apagar un solo fuego, ni va a salvar una sola vida en los próximos veranos.

La “libertad” de hacer lo inútil

El Gobierno nacional se llena la boca hablando de eficiencia, racionalidad y austeridad. Pero cuando llega el momento de demostrarlo, gasta a manos llenas en aquello que más sirve para las fotos. La inversión en defensa no es un problema en sí mismo; la falta total de sentido de oportunidad, sí.

Cuando Argentina vuelva a arder —porque va a volver a arder— tal vez el Gobierno recuerde que los incendios no se apagan con discursos, ni con retuits, ni con cazas supersónicos. Se apagan con inversión real. Con aviones verdaderos. Con políticas públicas, no con propaganda digital.

Pero para entonces, probablemente, alguien estará posando arriba de un F-16 mientras el país vuelve a cubrirse de humo.

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