El Gobierno puede festejar índices, mostrar gráficos y repetir hasta el cansancio que derrotó a la inflación. Pero hay un lugar donde el relato libertario se estrella contra el bolsillo: el surtidor.
El 9 de marzo, el litro de nafta costaba $1.766. Este 14 de septiembre ya cuesta $2.116. En poco más de seis meses, el combustible aumentó $350 por litro, nada menos que un 19,8%.
Y el dato resulta todavía más incómodo para el discurso oficial: tomando como referencia la inflación acumulada entre marzo y agosto, de aproximadamente 14,6%, la nafta aumentó más de cinco puntos porcentuales por encima del índice general de precios.
Dicho de una manera mucho más sencilla: mientras el Gobierno pide mirar la inflación, el automovilista mira el surtidor y encuentra otra cosa.
Si los $1.766 que costaba el litro en marzo hubieran acompañado solamente la inflación del período, el precio rondaría hoy los $2.024. Pero llegó a $2.116.
Son aproximadamente $92 adicionales por litro por encima de aquella actualización inflacionaria.
Y cuando se lleva la cuenta a un tanque completo, el golpe aparece con toda claridad.
Un tanque de 50 litros costaba el 9 de marzo $88.300. Hoy cuesta $105.800.
Son $17.500 más para cargar exactamente la misma cantidad de combustible. En apenas seis meses.
No hay cambio de auto, no hay más litros, no hay un servicio adicional: simplemente hay que poner casi veinte mil pesos más sobre el mostrador para llevarse lo mismo.
Ese es uno de los costados menos cómodos del supuesto “milagro” económico que promociona el Gobierno de Javier Milei. Porque bajar la velocidad a la que aumentan los precios no significa que los precios bajen, y mucho menos significa que determinados gastos esenciales hayan dejado de castigar al bolsillo.
La nafta es además un precio que no termina en las estaciones de servicio. Cada aumento repercute sobre trabajadores que utilizan el auto para ganarse la vida, comerciantes, transportistas y buena parte de la estructura de costos de una economía que necesita trasladar prácticamente todo.
Por eso, detrás de la celebración oficial aparece una realidad bastante menos espectacular: la inflación podrá desacelerarse, pero llenar el tanque es cada vez más caro y, durante estos seis meses, el combustible incluso corrió más rápido que el índice general de precios.
El Gobierno podrá discutir estadísticas, períodos y porcentajes.
El bolsillo no discute: paga.
Y entre marzo y septiembre, para llenar un tanque de 50 litros, paga $17.500 más.
Ese también es el modelo.
MENOS RELATO, MÁS SURTIDOR: LA NAFTA SUBIÓ CASI 20% EN SEIS MESES Y LE VOLVIÓ A GANAR A LA INFLACIÓN.